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viernes, 28 de marzo de 2008

LAS PUERTAS DE MÉRIDA

Fernando Valdés apunta que la primera Bâb Mârida (Puerta de Mérida) pudo coincidir con la actual Puerta del Alpéndiz pues de ella debía partir el camino que unía Badajoz y Mérida (1).

Con el paso de los años se desarrolló delante de la Puerta del Alpéndiz un arrabal (Arrabal Oriental) y el camino de Mérida se convirtió en uno los ejes viarios más importantes del mismo. Cuando se amuralló el arrabal fue necesario abrir una puerta en la muralla para que el camino pudiese continuar, ya extramuros, como camino de Mérida. Esa nueva puerta, situada en la cerca del Rivillas, es la Puerta de Mérida de la que nos ocupamos ahora.

El primer documento conocido que menciona directamente la puerta es tardío ya que está fechado en 1499. Durante el reinado del emperador Carlos I se realizaron importantes obras en ella aunque no alcanzamos a determinar el alcance real de las mismas (2). En dichas obras pudo intervenir Gaspar Méndez si bien es muy difícil pronunciarse sobre este asunto (3).


La Puerta de Mérida a mediados del S.XVII. Krigsarkivet. Se aprecian dos puestos de guardia señalados con &.

Según los testimonios del siglo XVII la puerta estaba precedida de un recinto cuadrangular almenado que hacía las veces de barbacana. La puerta propiamente dicha estaba flanqueada por dos torreones de planta cuadrada coronados con un parapeto almenado. La portada estaba definida por un arco de medio punto realizado con sillería de granito. Sobre la portada había dos escudos. En la parte inferior el escudo de la ciudad y en la superior el escudo del Emperador. En la fachada interior se encontraba una capilla, seguramente una hornacina, con la imagen de Nuestra Señora de Tentudía.

Al igual que otras puertas de la ciudad fue cerrada al tránsito y reabierta en numerosas ocasiones. Normalmente el Cabildo Municipal ordenó clausurarla en tanto existió amenaza de peste. Así, en los cabildos celebrados los días 24 de noviembre de 1598, 31 de agosto de 1929 y 16 de octubre 1630 se ordenó su cierre. Por el contrario, en junio de 1637, y ante una nueva amenaza de peste, las autoridades municipales ordenaron fabricar hojas nuevas. Es decir, en lugar de tapiar la puerta, como se había hecho en otras ocasiones, en este caso se ordenó poner hojas nuevas de modo que estuviese abierta de día y cerrada de noche. De este modo seguía en uso y al mismo tiempo no había peligro de que entrase en la ciudad algún apestado (4).

Con la Guerra de la Restauración (1640-1668) comienza el declive de la puerta. En efecto, cuando se inició la guerra, el Cabildo Municipal ordenó tapiar las puertas de la ciudad salvo las de Palmas y Trinidad. Con la Puerta de Mérida se hizo una excepción ya que lleuava agua el arroyo de ribillas y es necesaria para el seruicio (5). Es decir, la puerta prestaba servicio a los vecinos y el curso del Rivillas haría las veces de foso asegurando su defensa en caso de ataque. Así, sabemos que el día 17 de enero de 1641 estaba en uso pues se nombró a Blas González Suárez como Comisario para controlar la entrada y salida de gentes por ella. Pasado un tiempo se cerró al tránsito y mientras estuvo clausurada la Puerta de la Trinidad canalizó el tránsito hacia los caminos, campos y poblaciones situados al Este.

Pese a encontrase cerrada se realizaron varias obras en el entorno de la puerta. La de mayor calado fue un semibaluarte, con su correspondiente foso, que se levantó delante de ella. El semibaluarte venía a reforzar las defensas de la puerta que hasta ese momento se limitaban a un recinto rectangular a modo de barbacana (el flanco derecho del semibaluarte fue construido aprovechando el recinto rectangular). El problema más importante que nos plantea esta fortificación se refiere a su cronología. En efecto, el semibaluarte aparece perfectamente trazado en uno de los planos del Krigsarkivet, fechado a mediados del siglo XVII, y sin embargo no aparece en los planos posteriores que representan el sitio portugués del año 1658 (6). Posiblemente esta “anomalía” nos delate que el semibaluarte no llegó a concluirse, o bien, entró en un proceso de ruina y en el año 1658 no tenía entidad como para ser representado. Curiosamente el único plano de 1658 que representa el semibaluarte es el que realizó Bernabé de Gainza (1658) ya que este autor debió delinear el plano en Madrid utilizando cartografía poco actualizada. Después, ya en Badajoz, actualizó y completó el plano con las líneas de sitio portuguesas, la circunvalación de Elvas, etc (7).

El semibaluarte no fue la única obra que se construyó para proteger la puerta. Así, en el Cabildo Municipal del día 5 de noviembre de 1646 se menciona un cuerpo de guardia y el 12 de agosto de 1665 Francisco Domingo se comprometió a realizar varias reformas en él

“…En el cuerpo de guardia de la puerta de merida he de adereçar y haçer quinze tapias y poner cuatro vigas. He de gastar en el vn cahiz de cal y noueçientas tejas para cubrirlo con los demas aderentes de cañas cabios y clauos.
He de hacer un gariton en la esquina del matadero capaz de quatro o seis hombres…” (8)

Para entender y situar las obras realizadas por Francisco Domingo debemos recordar que en el ámbito de la Puerta de Mérida existían dos cuerpos de guardia. Los dos estaban intramuros pero el primero se encontraba frente a la puerta (cerca del Matadero) y el segundo en la muralla que se extendía entre la puerta y la Torre de las Palomas. Ambos cuerpos de guardia aparecen en el plano de Badajoz del Krigsarkivet.


Vista de la Puerta de Mérida según Baldi. Reproducción de la vista en los azulejos del Bar la Giralda.

La vista de Baldi (año 1668) nos permite observar la puerta tras la guerra con sus dos torreones cuadrados que la flanqueaban, el recinto rectangular, situado delante, la estacada y una rampa lateral dispuesta, seguramente, para facilitar el acceso de carruajes (9).. Este detalle es muy importante pues nos apunta que en ese momento la puerta estaba en servicio. Por último, Baldi parece representar el semibaluarte que se dispuso delante de la puerta.

La última imagen de la puerta nos la proporciona el plano de Francisco Domingo (año 1679) (10). En esos años la puerta parece de nuevo en uso y el semibaluarte ha sido sustituido por un baluarte aplicado a la vieja cerca. El recinto rectangular no aparece pues debió reaprovecharse para apoyar el flanco derecho del nuevo baluarte que debió construirse entre los años 1677 y 1679 ya que no aparece en el informe de Luis de Venegas (8 de julio de 1677) y sin embargo Francisco Domingo (16 de junio de 1679) lo representa en su plano. Según Francisco Domingo era un baluarte sólo de tierra, es decir, sus terraplenes no estaban revestidos de una camisa de piedra.

A finales del siglo XVII la cerca medieval que se extendía a lo largo del Rivillas fue demolida para construir el nuevo recinto abaluartado de la ciudad. El trazado del frente que se extiende entre el convento de la Trinidad y la Alcazaba resultaba especialmente complejo y se elaboraron varios proyectos para salvar las dificultades que esta zona presentaba (11). Las obras se demoraron más de lo previsto entre otros motivos por el conflicto que mantuvieron la autoridad militar y la municipal.

En 1680 se habían construido las fortificaciones contiguas a la nueva Puerta de la Trinidad pero la zona de la Puerta de Mérida conservó la cerca medieval varios años más tarde. Así, en el informe de Diego Caballero (27 de enero de 1684) se dice que se había derrumbado un tramo de más de veinte varas de largo en la muralla que se extendía frente al matadero. Si tenemos presente que el matadero estaba junto a la Puerta de Mérida debemos deducir que esta zona mantenía la muralla medieval en 1684. Finalmente la vieja Puerta de Mérida sucumbió cuando se demolió la cerca medieval en la que se abría. Antes de proseguir debemos recordar que la nueva muralla abaluartada se retranqueó respecto a la vieja cerca lo que obligó a demoler buena parte del barrio de Salvador que era la parte de la ciudad con la que lindaba la Puerta de Mérida.

El Cabildo Municipal pidió que se abriese una puerta en el nuevo recinto abaluartado comprendido entre el baluarte de San Pedro y el semibaluarte de San Antonio. La nueva puerta debía prestar a los vecinos los mismos servicios que anteriormente había prestado la vieja Puerta de Mérida que se había demolido. El Cabildo envió un memorial al Rey razonando su petición ya que sin esa puerta queda la Ciudad sin comercio en la crecientes del Guadiana (12).

El Rey ordenó al Consejo de Guerra que estudiase la petición (23 de noviembre de 1689). A su vez, el Consejo acordó pedir sendos informes al conde Montijo (Capitán General y responsable de las nuevas obras de fortificación de Badajoz) y al gobernador de la ciudad e insistió que este último consultase el asunto con el ingeniero de la frontera. El conde de Montijo, que por esas fechas se encontraba en Madrid, replicó que no había dejado la puerta por consejo de los oficiales más antiguos que acordaron

“…no se dejase (la puerta) en la nueba fortificacion por los muchos y graves inconvenientes que discurrian de mantenerla…” (13)

Por el contrario, en el informe del gobernador se dice que

“…siendo la distancia tan larga (entre la Puerta de la Trinidad y el castillo) es muy conveniente que haya un postigo por donde puedan salir dos hombres á cavallo y que tenga las puertas muy fuertes sin que se abran sino cuando conveniere…” (14)

Es decir, entre el Baluarte de la Trinidad y la Alcazaba los vecinos (civiles) sólo podían utilizar la Puerta de la Trinidad. Por este motivo, defendía que podría abrirse una entrada que se usase cuando conveniere.

El ingeniero (¿Francisco Domingo y Cueva?) envió su propio informe en el que apuntaba

“… que no tiene orden de su Capitan General el Conde de Montijo para dejar Puerta en dicho paraje ya sea por tener cinco la Ciudad dos al Guadiana y tres a dicho Convento (Trinidad), ó, ya por otros motivos, y que en cuanto á buena política militar en tiempo de guerra se podia dejar un postigo para salir con puntualidad en las ocurrencias á las fortificaciones exteriores de aquella parte que hasta ahora no están hechas…” (15)

El ingeniero confesaba que el conde no había dado orden de construir la puerta aunque en su opinión era necesaria aunque sólo fuese para uso militar.

El 9 de enero de 1690 el Consejo de Guerra examinó todos los informes y decidió recomendar al Rey la construcción del postigo que habían solicitado las autoridades municipales. No obstante, uno de los miembros del Consejo, Pedro de Oreitia, consideró conveniente que cuando volviese el conde de Montijo a Badajoz se le mandase informar de nuevo oyendo á los Cavos y Ingeniero.

El 23 de enero de 1690, el Rey envió una carta al general de artillería, Cristóbal Manuel Portocarrero, en la que se le informaba de las gestiones que había realizado el Cabildo Municipal y de la decisión final sobre este asunto. En dicha carta se ordenaba dejar un postigo que tuviese suficiente anchura como para permitir salir a dos hombres a caballo. Con esta anchura se podría

“…zerrar quando conviniere y fuere necesario no ai p. ahora motiuo q. enbarase el que no quede la ciudad elcusanche y aliuio deste postigo…” (16)

En una nueva carta del Rey (23 de marzo 1690) se volvía a ordenar la abertura del postigo en el lugar que se había dispuesto (17). El asunto parecía zanjado pero el Conde haría todo lo posible para cerrar la puerta. En efecto, en enero de 1691, el Conde envió una carta al Cabildo Municipal en la informaba que

“…Hauiendo reparado que el portillo que se ha dexado en la cortina de la muralla frente donde estaua la antigua puerta de Merida, para fabricar el postigo que S. Mag. tiene resuelto que se haga en aquel paraje capaz para que puedan salir por el dos hombres a caballo se tapo y oi lo esta con tapias de semillas de tierra (sic) en el ynterin que se labran las piedras picadas para la portada y respecto de hallarme con el empeño de proseguir y adelantar la nueba muralla en que se ua trabajando incesantemente sin hauer levantado la mano de la obra no, obstante ser ybierno y al mismo tiempo estar ocupados los maestros canteros en la nueba portada de piedra blanca y bruñida que se a de poner en el paraje donde oi esta de ssta. Marina por cuias razones y la cortedad de medios con que hallo por el atraso de las cobranzas no es posible emprender al mismo tiempo que se hasen las obras referidas las de la portada para el postigo que se a de hazer donde esa el portillo referido y siendo justo que este con el resguardo conveniente y no tan aventurado como lo esta al presente con las tapias de tierra e resuelto taparle con cal y canto para la mejor seguridad en el ynterin q. da lugar el tiempo y los medios para q. auiendo concuido los maestros canteros con la portada de la puerta de ssta. Marina pasen a labrar la que se ha de poner en el postigo en cumplimiento de la orden de S. Mag…” (18)

Terminaba el Conde su carta señalando que ejecutaría el postigo lo antes posible. Es decir, siguiendo las órdenes del Rey el conde de Montijo había dejado una brecha (portillo) en el lugar donde habría de construirse el postigo (la nueva Puerta de Mérida). No obstante, la brecha no se dejó practicable sino que se cerró, provisionalmente, con unas débiles tapias de tierra. Mas tarde, el Conde consideró que este cierre no era seguro y comunicó a las autoridades municipales que proyectaba cerrar la brecha con un muro de cal y canto. Según el Conde este cierre sería también provisional y no tenía más objeto que asegurar la ciudad en tanto se construía la portada para el nuevo postigo.

Las razones del Conde no convencieron al Cabildo que reafirmó su intención de que el postigo se construyera lo antes posible. Contra los argumentos del Conde las autoridades municipales replicaron proponiendo que

“se sirua mandar se execute la fabrica del postigo pues por su cortedad y sitio y estar al pie de la obra la piedra de la portada antigua con que se excusara la costa de tapar el portillo de cal y canto…” (19)

En el Cabildo del día 8 de febrero se retomó el asunto pues, el Conde, que no debió tomar en consideración las propuestas del Cabildo, había cerrado la brecha con un muro de cal y canto de tal forma que la brecha queda para no abrirse. El Cabildo sospechaba que el Conde, con la excusa de la seguridad, pretendía evitar o al menos retrasar la construcción del portillo. Ante esta situación las autoridades municipales acordaron informar al Rey del desconsuelo que producía a los vecinos la actuación del Conde (20). Para valorar la situación de la brecha contamos con la magnífica descripción que el escribano J. Serrano Barradas leyó en el Cabildo del día 9 de febrero

“…lo uisto tapado de cal y piedra incorporado (el portillo) a la nueua muralla con el soculo y gruesos della hasta el parapeto y encalado por la parte de afuera de forma que no queda señal de que en aquel sitio se a de haçer postigo…” (21)

Las gestiones del municipio dieron sus frutos pues en el Cabildo del día 5 de abril 1691se vio una carta del Rey dirigida al conde de Montijo ordenándole construir el postigo que había sido aprobado (cartas de 23 de enero y marzo de 1690).

En el Cabildo del día 25 de julio se nombraron nuevos Comisarios para que tratasen el asunto con el conde de Montijo y la puerta de merida quede abierta para el uso de los vezinos desta ciudad (22). Pese a todo el Conde siguió haciendo caso omiso y poniendo reparos a las peticiones de los comisarios municipales. El 27 de junio los comisarios informaron de sus gestiones al Cabildo Municipal que acordó informar otra vez al Rey (23). En el nuevo informe se apunta que el cierre de la puerta perjudica a toda la ciudad pero sobre todo a los vecinos de aquel barrio por ser los que se serbian por ella y los mas nesecitados (24).

Finalmente se consiguió que el Rey ordenara, nuevamente, dejar abierto un portillo capaz de entrar y salir vna carga o un arado con su yunta para los vecinos de aquel barrio (25). No obstante, se pusieron algunas limitaciones al uso de la puerta. Así, se estableció que no an de entrar ni salir para el cargar mercaderias ni fructos. Si tenemos presente estas consideraciones parece que la puerta sólo podría utilizarse para la entrada y salida de personas y animales pero no de mercancías.


Vista de la fachada exterior de la nueva Puerta de Mérida. Se aprecia la Capilla-Hornacina de la Virgen de Tentudía.

Las diferencias parecían terminar pero poco después se inició otro contencioso sobre la capilla y el escudo que debían disponerse en la puerta. En efecto, el Cabildo había solicitado al Rey que la nueva Puerta de Mérida mantuviera la capilla de la Virgen de Tentudía que existía en la vieja. El Rey dio la razón al Cabildo Municipal pues ordenó que se haga la capilla en la forma que estaua cuando la demolieron (26). En el Cabildo del día 30 de agosto de 1691 se acordó hacer cumplir las órdenes del Rey correspondientes a la capilla de Nuestra Señora de Tentudía (27). Las obras se iniciaron poco después y el 4 de diciembre se acordó entregar 120 rs. a Juan Isidro Chapín para acabar de aderezar la escalera de la capilla de Nuestra Señora de Tentudía (28). La imagen permaneció en su capilla hasta que en el mes de agosto del año 1761 se trasladó a la parroquia de Nuestra Señora de la Concepción. En esa fecha se trasladaron el resto de las imágenes que estaban en las demás puertas de la ciudad. Según Leonardo Hernández de Tolosa la medida tenía por objeto evitar disturbios de inmunidad eclesiástica por averse seguido algunos por esta causa (29)

El Cabildo deseaba también que el escudo de la ciudad luciese en las puertas nuevas tal y como lo había hecho en las viejas puertas (Trinidad, Mérida y Santa Marina). El Conde se negó reiteradamente a esta petición y al final logró colocar su propio emblema en las puertas de Mérida y Pilar. El Cabildo no dio la batalla por perdida y aprovechando la llegada del nuevo Capitán General solicitaron que en las puertas del pilar, trenidad y merida se pongan las armas de la ciudad como estauan (30).

Las peticiones de las autoridades municipales no fueron atendidas y en la actualidad las puertas de Mérida y Pilar lucen el escudo del conde de Montijo en lugar del escudo de Badajoz.


Vista de la fachada exterior de la nueva Puerta de Mérida.


Detalle de los escudos del Emperador y del Conde de Montijo.

Como resultado de estas disputas la Puerta de Mérida combina elementos procedentes de la vieja con otros nuevos. En primer lugar, la portada es un elemento reaprovechado pues, el Cabildo Municipal, para acelerar la construcción, propuso reutilizar la vieja portada (Cabildo del día 26 de enero de 1691). Se trata de una portada de cantería de granito que en la actualidad está muy meteorizado y se disgrega con suma facilidad. Pese a todo es posible que algunas piezas conserven marcas de cantero. En la fachada exterior encontramos los escudos del Emperador y del conde Montijo. El primero debe proceder de la vieja puerta. Por el contrario, el escudo del Conde debe ocupar el espacio que originariamente ocupó del escudo de la ciudad. Llegados a este punto es preciso preguntarse por el destino final del escudo de la ciudad de la vieja puerta. En principio parece lógico pensar que se reutilizase en otro edificio (Galera, Matadero, Carnicerías, etc.). La mitad superior de la fachada, comprendida entre la portada y el coronamiento, fue decorada con un motivo de falsa sillería que todavía se aprecia.

En la fachada interior el elemento más destacado era la capilla, en realidad hornacina, en que se depositó la imagen de la Virgen de Tentudía de la vieja puerta. La capilla estaba rematada con una espadaña que era visible desde el exterior.

La excavación de la Puerta de Mérida, realizada por Montserrat Girón Abumalham, ha puesto al descubierto las viviendas que fueron destruidas cuando se construyó la muralla abaluartada y la propia puerta (31). En una de las estancias sacadas a la luz se localizó una moneda resellada en 1692 lo que viene a corrobora que ese año se configuró la puerta tras la larga polémica entre las autoridades municipales y militares.

Si el proceso de abertura fue complicado no lo es menos el de su cierre. Diego Suárez de Figueroa señala que la puerta se cerró con motivo del sitio de 1705 (32). No obstante, es posible que fuera abierta temporalmente mientras se construía el matadero. Eso al menos parece intuirse del acuerdo municipal del 10 de mayo de 1729 (33). Asimismo, el día 28 de julio de ese año se vio una cuenta referente al empedrado de la Puerta de Mérida (34). En cualquier caso volvió a cerrase poco después pues en el plano de Badajoz del año 1739 se apunta

“…Puerta de Merida serrada su comunicación a causa de la desigualdad que le causa la obra, en el terreno de sus inmediaciones…” (35)

Para los años finales del siglo XVIII la información resulta contradictoria. En efecto, el plano de Badajoz de Pedro Ruiz de Olano (12 de marzo de 1772) muestra un recinto rectangular delante de la puerta (36). Este recinto no aparecía en los planos anteriores lo que parece indicar que la puerta estaba en uso por esos años o en los inmediatamente anteriores. No obstante, debió cerrarse temporalmente pues en una la historia anónima de Badajoz, que deberíamos fechar hacia 1785, se dice que la Puerta de Mérida estaba tapada (37). Poco después volvió a ponerse en servicio ya que en el informe del ingeniero militar Fernando de Gaver (3 de diciembre de 1796) se informa que

“…Se atraviesa por el foso para llegar a las puertas de Merida, de la Trinidad, y del Pilar que dan entrada a la ciudad por calzadas sin puente alguno lebadizo…”(38)

El texto no puede ser más claro.

En el Plan de defensa de la plaza de Badajoz (29 de marzo de 1801) se recomendaba, entre otras medidas, asegurar las puertas de la Trinidad, Pilar y la de la Cabeza del Puente, montar dos pequeños cañones en la Puerta de Palmas y

“…deviendo condenarse (cerrase) la (puerta) de Merida y nueba, con la precaucion de la 1ª de hacerse ante de ella una cortadura…”(39)

Es decir, considera que para asegurar la ciudad en caso de ataque debería cerrarse la Puerta de Mérida lo que vendría a manifestar que estaba en uso. Poco después (informe de Josef de Ampudia y Valadés, 15 de diciembre de 1801) se menciona un puesto de guardia en la Puerta de Mérida (40)


Plano de José de Gabriel (1803). A la izquierda se aprecia la escalinata de acceso a la Capilla-hornacina y a la derecha el cuerpo de guardia.


Vista de la fachada interior de la nueva Puerta de Mérida. Compárese con el plano de José de Gabriel(1803).

El plano de José de Gabriel, fechado en 1803, nos muestra como en ese momento la Puerta de Mérida parece practicable. Este plano nos ofrece la mejor imagen de la puerta tanto en planta como en alzado (40). En él podemos apreciar el recinto rectangular que precedía a la puerta. El arranque de este elemento todavía se conserva aunque el resto fue destruido cuando se excavaron las canteras y el foso que se extienden delante de la puerta. En la fachada interior se encontraban el cuerpo de guardia a la derecha y la escalera a la izquierda. Esta última permitía acceder a la plataforma situada delante de la capilla. Es decir, un esquema muy similar al de la Puerta de Palmas (escalera de acceso a la izquierda de la puerta, hornacina y plataforma delantera). En cualquier caso, y pese a la similitud formal las diferencias funcionales debieron ser importantes. En efecto, en el caso de la Puerta de Mérida la plataforma que se extiende delante de la capilla pudo habilitarse también como paso de ronda mientras que en la Puerta de Palmas la plataforma estaba delimitada por los dos torreones.

Con motivo de la Guerra de la independencia debió tapiarse pues tanto Domingo Luis del Valle como Manuel Pueyo en sendos documentos del 24 de agosto de 1812 aseguran que la puerta estaba cerrada al tránsito (41). En el plano de Domingo Luis del Valle se apunta que la Puerta de Mérida estaba tapada y en el informe de Manuel Pueyo se dice que la Puerta de Mérida se halla al presente condenada.

Finalmente, el avance de las canteras hizo imposible el paso por ella.



NOTAS.



1.VALDÉS FERNÁNDEZ, F.: “Las etapas constructivas de la alcazaba de Badajoz”, Bataliús, II, Letrúmero, Madrid, 1999, pág. 151).
El camino de Mérida (conocido después como el camino de Talaveruela o de los Lagares) dio nombre a la puerta y a las huertas contiguas a él (Vega de Mérida).
2.GUERRA GUERRA, A: Seis cartas de los Reyes Católicos con sentencias, privilegios y declaraciones acerca de los bienes de la ciudad de Badajoz, Diputación Provincial, Badajoz, 1973, pág. 33.
3.KURT SCHAEFER, G.; DOMÍNGUEZ DE LA CONCHA, C.: “Epigrafía medieval y moderna del Museo Arqueológico Provincial de Badajoz”, Revista de Estudios Extremeños, LII-2, Badajoz, 1996, pág. 502-503.
Como ya hemos expuesto al estudiar la Puerta de la Coracha, Nicolás Díaz y Pérez considera que el escudo de Badajoz que se encuentra sobre la puerta de la Galera y la inscripción de la Huerta del Manco no forman parte del mismo conjunto. Nicolás Díaz estimó que el escudo de la Galera procedía de la Puerta de Mérida y en una ocasión llega a suponer que la puerta de la Galera era la Puerta de Mérida aunque más adelante se desdice (DÍAZ Y PÉREZ, N.: España sus monumentos y artes su naturaleza é historia. Extremadura, Editorial de Daniel Cortezo, Barcelona, 1887, pág. 72, 75, not. 1 y 282). Es posible que cuando Nicolás Díaz identifica las puertas de la Galera y Mérida pudiera referirse a que la puerta de la Galera reaprovecha el material de la Puerta de Mérida. En estas circunstancias debemos ser muy cautos cuando hablemos de la intervención de Gaspar Méndez en esta puerta.
4.A.H.M., Badajoz, Libro de Acuerdos, 18 de junio y 15 de noviembre de 1637, fol. 117
5.A.H.M., Badajoz, Libro de Acuerdos, 7 de diciembre de 1640, fol. 181v.
6.SÁNCHEZ RUBIO, C. M.; SÁNCHEZ RUBIO, R.: Badajoz en el Krigsarkivet. El hallazgo de la visión mas lejana, Excmo. Ayuntamiento, Badajoz, 2003, pág. 37.
7.SÁNCHEZ RUBIO, C. M.; TESTÓN NÚÑEZ, I.; SÁNCHEZ RUBIO, R.: Corographía y descripción del territorio de la plaza de Badaxos y fronteras del Reyno de Portugal confinantes a ella, Junta de Extremadura, Badajoz, 2003, pág. 10
8.CORTÉS CORTÉS, F.: “1640-1668: Fortificaciones en Extremadura”, Revista de Estudios Extremeños, XLII-1, Badajoz, 1986, pág. 195.
9.TEIJEIRO FUENTES, J.; MELÉNDEZ TEODORO, A.: La fortificación abaluartada de Badajoz en los siglos XVII y XVIII, Tajo Guadiana, Badajoz, 2000, pp. 68-71.
10.CRUZ VILLALÓN, M.: Badajoz. Ciudad amurallada, Junta de Extremadura, Badajoz, 1999, pp. 36-37.
11.Los proyectos para este frente han sido estudiados por María Cruz Villalón, Javier Teijeiro y Álvaro Meléndez (CRUZ VILLALÓN, M.: “Las murallas de Badajoz en el siglo XVII”, Norba-Arte, VIII (1988), Universidad de Extremadura, Cáceres 1989, pág. 128 y ss; TEIJEIRO FUENTES, J.; MELÉNDEZ TEODORO, A.: La fortificación abaluartada de Badajoz en los siglos XVII y XVIII, op. cit., pp. 72-75).
12.I.H.C.M., Madrid, Colección Aparici-XXVIII, fol. 213.
13.I.H.C.M., Madrid, Colección Aparici-XXVIII, fol. 213v.
14.I.H.C.M., Madrid, Colección Aparici-XXVIII, fol. 213v.
15.I.H.C.M., Madrid, Colección Aparici-XXVIII, fol. 213v-214.
16.A.H.M., Badajoz, Libro de Acuerdos, 5 de abril de 1691, fol. 35-35v.
17.A.H.M., Badajoz, Libro de Acuerdos, 5 de abril de 1691, fol. 35v.
18.A.H.M., Badajoz, Libro de Acuerdos, 26 de enero de 1691, fol. 13v-14.
19.A.H.M., Badajoz, Libro de Acuerdos, 26 de enero de 1691, fol. 14v.
20.A.H.M., Badajoz, Libro de Acuerdos, 8 de febrero de 1691, fol. 16v.
21.A.H.M., Badajoz, Libro de Acuerdos, 9 de febrero de 1691, fol. 17.
22.A.H.M., Badajoz, Libro de Acuerdos, 25 de junio de 1691, fol. 98.
23.A.H.M., Badajoz, Libro de Acuerdos, 27 de junio de 1691, fol. 49.
24.A.H.M., Badajoz, Libro de Acuerdos, 9 de agosto de 1691, fol. 66v.
25.A.H.M., Badajoz, Libro de Acuerdos, 9 de agosto de 1691, fol. 67.
26.A.H.M., Badajoz, Libro de Acuerdos, 9 de agosto de 1691, fol. 67.
27.A.H.M., Badajoz, Libro de Acuerdos, 30 de agosto de 1691, fol. 73.
28.A.H.M., Badajoz, Libro de Acuerdos, 4 de diciembre de 1691, fol. 122.
29.HERNÁNDEZ TOLOSA, L.: Badajoz en el siglo XVIII, Trascripción y notas de Carmelo Solís, Real Academia de Extremadura, Trujillo, 1992, pág. 23.
30.A.H.M., Badajoz, Libro de Acuerdos, 4 de diciembre de 1692, fol. 121v.
31.GIRÓN ABUMALHAM, M.: “Intervenciones en el Museo de la Catedral de Badajoz, Puerta de Mérida y Convento de San Agustín”, Jornadas sobre Arqueología de la Ciudad de Badajoz, Museo Arqueológico Provincial de Badajoz, Tecnigraf, Badajoz, 2007, pp.77-91.
32.SUÁREZ DE FIGUEROA, D.: Historia de la ciudad de Badajoz, Amigos de Badajoz, Badajoz, 2005, pág. 19.
33.A.H.M., Badajoz, Libro de Acuerdos, 10 de mayo de 1729, ff. 137 y 181v.
34.A.H.M., Badajoz, Libro de Acuerdos, 28 de julio de 1729, fol. 207.
35.Plano de la Plaza y Castillo de Badajoz con el de las demas obras anexas a en el estado que hasta oy Primero de junio de 1739 se hallan sus fortificaciones, Anónimo, I.H.C.M., Madrid, B-8-44. Por el contrario, los planos de Badajoz del año 1735 (Diego de Bordick, Pedro de Moreau, etc.) parecen insinuar que la puerta estaba en uso.
36.CRUZ VILLALÓN, M.: Badajoz. Ciudad amurallada, op. cit., pp.62-63.
TEIJEIRO FUENTES, J.; MELÉNDEZ TEODORO, A.: La fortificación abaluartada de Badajoz en los siglos XVII y XVIII, op. cit., pp. 248-259.
37.B.N., Madrid, Ms. 18260, pág. 119-120. Para fechar la história anónima de Badajoz en el año 1875 hemos seguido el estudio relizado por Vicente Barrantes (BARRANTES, V.: Aparato bibliográfico para la historia de Extremadura, UBEX, Badajoz, 1999, vol. I, pág. 173).
38.I.H.C.M., Madrid, Cartoteca Histórica, 5-5-6-15, Informe de Fernando Gaver, 3 de diciembre de 1796, fol. 3v;
39.I.H.C.M., Madrid Cartoteca Histórica, 5-5-7-8., fol. 3.
40.I.H.C.M., Madrid, Cartoteca Histórica 5-5-7-7, fol. 4v.
41.CRUZ VILLALÓN, M.: Badajoz. Ciudad amurallada, op. cit., pp. 64, 65, 66, 67, 74 y 75.
42.CRUZ VILLALÓN, M.: Badajoz. Ciudad amurallada, op. cit., pp. 72-73; A.H:N., Diversos-Colecciones, 120, N.3.

10 comentarios:

Anónimo dijo...

No al cubo.

Julián Garcia Blanco

Anónimo dijo...

Una mierda p'al puto cubo

Anónimo dijo...

No al cubo.
Manuel Cienfuegos Ruiz-Morote

Anónimo dijo...

No quiero ser cansino pero menos indiferente

¡A tomar por culo el cubo!

Anónimo dijo...

Yo tampoco quiero el cubo.
Juan M.

Anónimo dijo...

No al cubo
Vicente Vazquez

Anónimo dijo...

En la sala de Exposiciones de la Diputación se encuentra expuesta una magnífica muestra cartográfica sobre la Guerra de la Independencia.

La muestra incluye poblaciones de toda Extremadura.

Julián García.
por cierto ya que entro me reafirmo ¡NO AL CUBO!.

Anónimo dijo...

Este sábado dentro del ciclo de conferencias del Museo Arqueológico se expondrá lo último sobre la Mérida islámica.
Nos vemos.

Julián García

Antonio J. dijo...

La masa iletrada ha hablado: sí quieren cubo, la élite ilustrada se ha pronunciado: no al cubo. ¿Reduccionismo?... no, más bien cruda realidad.
No estoy entre los segundos, pero me alegro enormemente de no pertenecer a los primeros.
Más vale tarde que nunca:
NO a la falta de RESPETO por el patrimonio, NO AL CUBO

Felicidades por tu trabajo, Julián, aunque en esta ciudad muy pocos sepan reconocértelo.

Pilo dijo...

Dejen el dichoso cubito en paz. Allí está y allí se quedará, sino al tiempo.

Ahora bien, desde la asociación Amigos de Badajoz se solicitó varias veces la suspensión de la obra (lo sé porque por entonces yo formaba parte de la Junta Directiva de la Asociación) aportando pruebas del impacto que iba a causar cuando se finalizase. Pero que si quieres coles, Catalina, pese a las protestas, peticiones y reclamaciones que se hicieron las obras continuaron.

Por eso digo que dejem tranquilito al cubo de marras y a por quien hay que ir, ahor que hay una sentencia favorable es a por los responsables de esa anomalía que pese a ser advertidos de la ilegalidad de la obra continuaron adelante con gran soberbia. Por lo tanto, ellos son responsables directo de un delito urbanístico o patrimonial. Ellos, quien quiera que sean ellos, deben pagar por sus actos y afrontar las responsabilidades que les toquen, epro ni la fiscalía ha actuado de oficio ni nadie se ha atrevido a presentar una recalamción o denuncia contra los responsables.