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domingo, 18 de enero de 2009

PUERTAS DEL RÍO/PAJARITOS


Es posible que la muralla de Badajoz llegase a contar con tres puertas llamadas del Río. La primera referencia a una de ellas se remonta al año 1396 cuando el rey portugués D. Joao se apoderó de Badajoz valiéndose de los servicios de un traidor que le facilitó el acceso a la ciudad por la porta do rio da cerqua velha. Por este motivo la Puerta del Río pasó a ser conocida como la Puerta de la Traición. Sabemos que estaba cerca de la Puerta de Palmas aunque no podemos precisar su emplazamiento exacto. Cuando estudiemos las puertas de la Traición retomaremos este asunto.

En la documentación de los siglos XVI y XVII volvemos a encontrar numerosas referencias a una Puerta del Río que en nuestra opinión no coincide con la anterior Puerta del Río o de la Traición. Asimismo podemos certificar que en los siglos XVI y XVII la Puerta del Río se abría frente a la confluencia de las calles de San Atón, Morales y Porrinas (1).

A mediados del siglo XVIII se abrió una tercera puerta con el nombre del Río cuyo emplazamiento viene a coincidir con el que ocupó la primera Puerta del Río o de la Traición. Algunos autores la han denominado Nueva o de Carros dando pie a equívocos con la Puerta de Carros de la Alcazaba.

En este capítulo nos ocuparemos de la segunda, es decir, la que viene a coincidir, aproximadamente, con la actual Puerta de Pajaritos.

No estamos incondiciones de establecer su antigüedad y este asunto sólo podemos apuntar que el documento más antiguo que la menciona está fechado el 31 de diciembre de 1538 aunque debemos suponer que a media que avance la investigación aparecerá también en documentos más antiguos.

Debió ser una de las puertas más importantes de ciudad hasta que la construcción del puente y la puerta de Palmas la relegaron a un papel más secundario. Carecemos de datos firmes en los que asentar esta hipótesis pero si repasamos las medidas que adoptaban las autoridades municipales con motivo de la peste tenemos la impresión de que la puerta fue perdiendo importancia desde finales del siglo XVI y sobre todo a lo largo del siglo XVII. En efecto, cuando la ciudad sentía la amenaza de la peste las autoridades municipales ordenaban cerrar la mayor parte de las puertas y reparar las zonas arruinadas de la muralla (brechas o portillos). Con estas medidas se procuró impedir la entrada de apestados en la ciudad. Así, el 24 de julio de 1598 el Cabildo Municipal, considerando el mal estado de las murallas, ordenó tapiar los tramos caídos de la cerca (brechas o portillos) y cerrar varias entradas (sólo deberían permanecer abiertas las puertas de Mérida, Trinidad, Santa Marina y Palmas) (2). El 24 de noviembre del mismo año las autoridades vuelven a insistir en el mismo asunto pero el listado de puertas cambia. En esta ocasión se ordenaba mantener abiertas las puertas de la Trinidad, Santa Marina, Pelambres y del Río que dicen de la calle de morales (3).

El 16 de octubre de 1630 se informaba al Cabildo de otro brote de peste y de nuevo se ordenó reparar la muralla y cerrar todos los accesos a la ciudad salvo las puertas de Palmas y la Trinidad. La Puerta del Río fue tapiada aunque en el Cabildo Municipal del día 10 de enero de 1631 se solicitó su reapertura

“…el señor corregidor dio noticia a esta ciud. de un auto que antes de agora su mg. tiene probido para que no anden barcos en la tabla del rrio de guadiana desde la puerta de la coraxa hasta las acenas y que todos los dias a la oracion se su junten a los arcos de la puente e no salgan de alli hasta salido el sol y que se va excentuando con que cesa el ynconveniente de poder entrar ninguna persona forastera por la puerta del rio questa tapada por el temor de peste caussada en milan y ansi mismo si se abriese se seguira utilidad a esta ciud. por proueexe por aquella parte de agua del rrio de guadiana a menos costa sobre que su md tiene preuenido para que se abra y cada carga de agua se venda todos los dias a seis mr. no mas…” (4)

El texto anterior es interesantísimo por varios motivos:

-En primer lugar deja claro que las puertas de la Coracha y del Río son dos puertas distintas. Este detalle es muy importante pues muchos autores han considerado que eran dos denominaciones distintas de una misma puerta (ver capítulo dedicado a la Puerta de la Coracha).
-Parece intuirse que la Puerta del Río era la que utilizaban los aguadores y quizá los barqueros. Posiblemente los aguadores se abastecían en la fuente de Mafra (construida en 1545 entre el Guadiana y la muralla contigua a la Puerta de Pelambres).
-En la tabla del Guadiana comprendida entre la Puerta de la Coracha y las Aceñas los barcos no podían navegar desde la caída de la tarde hasta la madrugada. En este tiempo los barcos debían amarrase en los arcos del puente. No sabemos si esta limitación de la navegación era extensiva a otras tablas del Guadiana o sólo se aplicaba a esta que es, precisamente, la que comprende la circunvalación de las murallas de la ciudad. Es decir, no debemos descartar que la prohibición de la navegación nocturna estuviese vinculada, al menos en origen, con la seguridad de la ciudad.

A medida que avanza el siglo XVII la Puerta del Río va a cambiar su nombre por el de Puerta de Nuestra Señora del Pajarito (5). El cambio de nombre no es exclusivo de la Puerta del Río/Pajaritos si bien en este caso no acertamos a adivinar que motivó la mudanza (6).

Cuando se inició la Guerra de la Restauración (1640) fue cerrada al tránsito pero en sus inmediaciones se construyó un puesto de guardia. La primera referencia documental a dicho puesto aparece en el Cabildo Municipal del día 5 de noviembre de 1646. En 1665 Francisco Domingo reparó el tejado del citado cuerpo de guardia.

No contamos con muchos datos para seguir la evolución de la puerta a lo largo de la segunda mitad del siglo XVII pero gracias al plano del Krigsarkivet (fig. 1) y a la vista de Badajoz de Israel Silvestre (fig. 2) conocemos con bastante precisión tanto su estructura como la fachada exterior.

Fig. 1. Plano del Krigsarkivet (mediados del siglo XVII). La Puerta de Pajaritos aparece marcada con la letra O. SÁNCHEZ RUBIO, C. M; SÁNCHEZ RUBIO, R.: Badajoz en el krigsarkivet. El hallazgo de la visión más lejana, Excmo. Ayuntamiento, Badajoz, 2003).




Fig. 2. Vista de Israel Silvestre (finales del siglo XVII). B.N., Madrid, ER.2974/154

La puerta del Río/Pajaritos se abría en una torre emplazada en una cota ligeramente más elevada que su entorno inmediato (fig. 2). Esta pequeña diferencia de cota era fundamental si tenemos presente las crecidas del Guadiana. En cualquier caso, no descartamos que contase con algún elemento para contrarrestar las riadas. Por ejemplo, Antonio José Albardonedo Freire señala que las puertas de la cerca de Sevilla que daban al Guadalquivir tras la reforma de Abu Yaqub (1170) estuvieron un acceso en rampa para preservarlas de las inundaciones.

La torre se levantaba frente a las calles Alta (San Atón), Morales y Porrinas. El plano de Badajoz del Krigsarkivet (mediados del siglo XVII) nos muestra que la torre estaba abierta por la gola, es decir, el lado de la torre que miraba a la ciudad carecía de muro (fig. 1). Torres de este tipo, abiertas por la gola, eran frecuentes en las murallas urbanas aunque no podemos asegurar que el plano sea totalmente fiel al modelo original ya que la Torre de los Ahorcados y varios cubos adosados a la muralla de la Alcazaba aparecen también abiertos por la gola cuando en realidad estaban cerrados.

La torre estaba cubierta con un tejado a dos aguas que debía cubrir una dependencia de la que ignoramos su función (residencial, militar, religiosa, etc.) (fig. 2).

En la vista de Israel Silvestre observamos que la puerta presentaba una flecha desproporcionada en relación a su luz y el camino que conducía a ella contaba con pretiles en el tramo inmediato a la portada (fig. 2). Dichos pretiles pudieron construirse a mediados del siglo XVII ya que no aparecen en el primer plano del Krigsarkivet pero si en el segundo. De estos pretiles, el situado a la derecha seguramente protegía la calzada contigua a la puerta de modo que en caso de riada el agua no la arrastrase. Por último debemos suponer que en la fachada interior de la puerta se encontraría una imagen de la Virgen. Dicha imagen podría estar expuesta en una hornacina situaba sobre la rosca del arco de la puerta o en una pequeña capilla que pudo disponerse en la dependencia superior de la torre.

Fig. 3. Sello de la ciudad en el que se aprecia en primer lugar el río. Sigue la muralla en la que podemos adivinar una posible puerta-torre. En el interior de la ciudad se levantan dos edificios interesantísimos (TERRÓN ALBARRÁN, M (Dir): Historia de la Baja Extremadura, Real Academia de Extremadura de las Letras y las Artes, GRAFISUR, Badajoz, 1996, pág. 634).


Fig. 4. Vista de Badajoz (Convento de las Descalzas, Badajoz).

La Puerta del Río/Pajaritos no es la única puerta-torre de Badajoz. La más antigua aparece en el primitivo sello de la ciudad (donación de los lugares de Ouguela, Campomayor, Albalade y Valdesolaz, 20 de mayo de 1255) (fig. 3). Mucho más reciente es la puerta torre que aparece en las pinturas de las Descalzas (fig. 4). En ambos casos la puerta torre estaba situada frente a un río (Rivillas o Guadiana).

Fig. 5. Puerta-torre de la Coracha. Vista de Israel Silvestre (B.N., Madrid, ER.2974/154).

Fig. 6. Vista de Dequevauviller (Visiones de Badajoz, Feria del Libro 1997, Ayuntamiento de Badajoz y Unión de Bibliófilos, TECNIGRAF, Badajoz 1997).

Otras puertas torre las tenemos mejor documentadas. Entre estas últimas destacan la que remataba la coracha oriental de la Alcazaba, que debió construirse a mediados del siglo XVII, y la Puerta de Pelambres que tras varias reformas adoptó la morfología de puerta torre (fig. 5 y 6 respectivamente).

Fig. 7. Plano de Francisco Domingo. 1679 (I.H.C.M., Madrid, Colección Aparici-XXVIII, fol.179).



Fig. 8. Plano de Juan Muñoz Ruesta, 1698 (I.H.C.M., Madrid, Colección Aparici-XXVIII, fol. 226).

El plano de Francisco Domingo (1679) nos sigue mostrando la torre en la que se abría la puerta (fig. 7) mientras que en el plano de Juan Muñoz Ruesta (1698) la torre ya no aparece (fig. 8).

Fig. 9. Plano anónimo de Badajoz, 1704 (TEIJEIRO FUENTES, J.; MELÉNDEZ TEODORO, A.: La fortificación abaluartada de Badajoz en los siglos XVII y XVIII, Tajo-Guadiana, Badajoz, 2000, pág. 94).

Fig. 10. Plano Massé (TEIJEIRO FUENTES, J.; MELÉNDEZ TEODORO, A.: La fortificación abaluartada de Badajoz en los siglos XVII y XVIII, Tajo-Guadiana, Badajoz, 2000, pág. 102).


Los planos de comienzos del siglo XVIII siguen sin mostrar la torre (anónimo de Badajoz, 1704 y Atlas Massé) (fig. 9 y 10 respectivamente). Es decir, la torre desapareció entre los años 1679 y 1698. En este periodo las obras de mayor envergadura se realizaron en 1688. Ese año se construyeron 200 varas de cimientos en las murallas comprendidas entre las puertas de Pelambres y Pajaritos y 50 tapias de hormigón en el tramo comprendido entre la Puerta de Pajaritos y Alcazaba (7). Es posible que en el curso de estas reformas, o poco después, se alterase la estructura de la puerta. A nuestro juicio la “desaparición” de la torre puede responder a dos supuestos:

-Con motivo de las obras se demolió la torre. En este supuesto la actual Puerta de Pajaritos estaría retranqueada respecto a la vieja puerta del Río/Pajaritos. Es decir, la actual Puerta de Pajaritos heredó el nombre de la vieja puerta pero no se levantaría exactamente en el mismo emplazamiento de la vieja Puerta del Río/Pajaritos que venimos estudiando.
-La torre y la puerta fueron incorporadas al nuevo muro de modo que no se aprecian en planta. En este caso la puerta actual se correspondería con la vieja puerta del Río/Pajaritos.

En principio, y en función únicamente de los planos de Francisco Domingo y Juan Muñoz Ruesta, parece intuirse que la torre fue derribada mientras que las cortinas colaterales mantuvieron el mismo trazado en forma de ángulo ligeramente entrante. Desgraciadamente no estamos en condiciones de dar una respuesta satisfactoria a este asunto. En cualquier caso, y con independencia del destino final de la torre, la Puerta de Pajaritos siguió existiendo aunque no podamos determinar si la que ha llegado hasta hoy es la vieja puerta del Río/Pajaritos o se construyó una nueva.

La “desaparición” de la torre también puede estar en relación con la disputa que en esos años mantuvieron las autoridades municipales y militares sobre el número y distribución de las puertas que debían abrirse en el nuevo conjunto amurallado de la ciudad. En efecto, la autoridad militar consideró conveniente reducir el número de puertas del circuito amurallado de la ciudad. Por el contrario, las autoridades municipales batallaron para conseguir mantener abiertas todas las puertas de las que tradicionalmente venían sirviéndose los vecinos. Así, en las murallas que bordean el Rivillas, el Capitán General era partidario de abrir una sola puerta (Puerta de la Trinidad), por el contrario, el Cabildo Municipal deseaba abrir otra más (la actual Puerta de Mérida). Ante la negativa del Capitán General, las autoridades municipales no dudaron en recurrir a la Corona para defender su propuesta. Un caso similar debió plantearse con las puertas que daban al Guadiana (Pajaritos, Pelambres y Palmas). La documentación sobre este asunto es muy fragmentaria y la hipótesis que expondremos se fundamenta en retazos documentales y por tanto su fiabilidad es cuestionable. Veamos algunos hitos de esta polémica en lo que la puerta del Río/Pajaritos se refiere.

En primer lugar, en un informe del ingeniero militar de la plaza, fechado entre finales de noviembre de 1689 y comienzos de enero de 1690, se apunta que de las cinco puertas de la ciudad sólo dos daban al Guadiana. Parece evidente que una de ellas era la Puerta de Palmas pero no podemos determinar el nombre de la segunda (¿Pajaritos?, ¿Pelambres?). La decisión de mantener abiertas sólo dos puertas debió tomarla la autoridad militar pues las autoridades municipales protestaron y pidieron la intervención de la Corona que, en esta ocasión, dio la razón al Capitán General. En efecto, en una Real Cédula, fechada el 7 de julio de 1691, el Rey resolvió que se dejase abierta sólo una de las puertas que comunicaban con el Guadiana. El documento real se leyó en el Cabildo Municipal del día 9 de agosto de 1691 y el 30 del mismo mes las autoridades municipales acordaron, como no podía ser de otra forma, mantener abierta sólo una puerta. Si nos ceñimos a la literalidad de los documentos parece un paso atrás, es decir, las dos puertas que permanecían abiertas en 1690 se reducen a una a raíz de la Cédula Real de1691. A nuestro juicio esto no debió suceder así y es muy posible que las autoridades municipales solicitasen que además de la Puerta de Palmas, de cuya utilidad nadie dudaba, se mantuvieran abiertas también las puertas de Pelambres y Pajaritos. Ante esta demanda la Corona respondió que sólo una de ellas, es decir, Pajaritos o Pelambres. Esta hipótesis es la que nos parece más razonable aunque al faltar los libros de acuerdos municipales correspondientes a los años 1689 y 1690 no conocemos los pormenores de la demanda del Ayuntamiento y por tanto no estamos en condiciones de dar una respuesta satisfactoria a esta cuestión.

Como quiera que fuese, el cierre de la tercera puerta fue temporal. En efecto, el plano de Juan Muñoz Ruesta, realizado en 1698, muestra las tres puertas del río (Palmas, Pelambres y Pajaritos). Es decir, si llegaron a cerrarse las puertas de Pajaritos y Pelambres fue durante un periodo muy breve.

Con el paso del tiempo las puertas de Pajaritos y Pelambres fueron perdiendo importancia. En el plano de Badajoz del año 1739 se apunta que ambas puertas servían solo para la gente de paseo y la de del Barrio de sus cercanías (8).



Fig. 11. Plano de Martín de Gabriel, 31 de diciembre de 1763. De izquierda a derecha aparecen las puertas de Pelambres, Nueva y Pajaritos (Planos del recinto, puente y fuertes de Badajoz, Martín de Gabriel, 1763, I.H.C.M., Madrid, B-8-47).

La construcción de una nueva puerta, emplazada en sus inmediaciones, dio el golpe de gracia a las viejas puertas de Pajaritos y Pelambres. La nueva puerta se abrió en las traseras del palacio de los Calderón (actual Escuela de Idiomas). Se trataba de una magnífica obra con cuerpo de guardia y rampa que posibilita la entrada en la ciudad de carruajes (plano de Martín de Gabriel, 31 de diciembre de 1763) (fig. 11). Como ya hemos dicho, la nueva puerta trajo aparejado el cierre de las puertas de Pajaritos y Pelambres. Así, Martín de Gabriel apunta en su plano que la Puerta nueva debía sustituir a las antecedentes (Pajaritos y Pelambres) (9). A comienzos del mes de junio de 1765 se finalizó la Puerta Nueva del Río y al mismo tiempo se cerraba la Puerta de Pajaritos que desde entonces quedó reducida a un simple desaguadero (10).

En el plano de Pedro Ruiz de Olano (12 de marzo de 1772) Pelambres y Pajaritos no aparecen señaladas como puertas de la ciudad lo que nos confirmaría que estaban cerradas al tránsito. No obstante, en una historia anónima de Badajoz, que deberíamos fechar hacia 1785, Pajaritos y Pelambres aparecen incluidas en la relación de puertas de Badajoz

“…Sus puertas en especial la de la Trinidad es de las mas fuertes, mas hermosas, y mas grandes que tiene la ciudad: la de los Carros, la de la Traición, tapada, la del Pajarito, la de los Pelambres, de las Palmas, San Vicente, Piladar, y de Merida, tapada, no tienen arquitectura memorable…” (11)

Es posible que el autor cuando enumera las puertas no se limitase a citar las que estaban en uso sino que incluyó en su relación todas las que pudo documentar en las murallas de la ciudad y la Alcazaba. Como quiera que sea, no deja de sorprender que no especificase que las puertas de Pelambres y Pajaritos estaban cerradas en ese momento.

Fig. 12. Puerta de Pajaritos (1803). Plano que manifiesta la altura del castillo antiguo de la plaza de Badajoz, José de Gabriel, 1803, S.G.E., 159.

Como ya hemos dicho, tras su cierre al tránsito quedó relegada a un simple desagüe. En el plano de José de Gabriel (1803) se aprecia que la puerta servía para aliviar las aguas procedentes del arco del Peso, Plaza de San José, las calles de Morales, Porrinas, etc (fig. 12). Curiosamente José de Gabriel señala que el desagüe exterior se abría a la derecha de la puerta mientras que el desagüe que ha llegado hasta nosotros se abre en el mismo vano de la puerta. No estamos en condiciones de valorar si estas diferencias se deben a un simple error de José de Gabriel o bien pudieran indicar que el desaguadero que ha llegado hasta nosotros se construyó después de 1803.

En una de las fotos de Fernando Garrorena todavía se aprecia el último tramo de desagüe que se corresponde con la salida al Guadiana (12).

Antes de abordar la estructura de la puerta debemos considerar que mientras permaneció abierta al tránsito de personas y mercancías también sirvió como aliviadero y desagüe ya que el agua corría por la calzada de la puerta. Cuando fue cerrada al tránsito se construyeron salidas específicas para el agua. Es decir, en la puerta se amargaban elementos vinculados con los distintos servicios que prestó a lo largo de los siglos.

Fig. 13. Restos de la decoración esgrafiada que cubría la fachada interior (Foto P. Sánchez).

La puerta se compone de dos portadas unidas por un pasillo cubierto con bóveda de cañón. En ambas portadas encontramos dos pares de arcos superpuestos Los arcos superiores de las dos portadas son idénticos y están a la misma cota. El arco de la portada sur o portada interior era el mejor conservado. Este arco arrancaba de dos sillares de granito, era amplio y muy sólido. Sorprende la solidez ya que el peso de la planta superior descansa sobre él sino sobre la bóveda del pasillo. Dicho de otro modo, una obra de estas características, tanto por su anchura como por su solidez, no parece ajustarse con una cloaca. Faltan, además, evidencias de enrejado. Si pasamos a su tratamiento superficial observamos que la rosca del arco estaba enlucida en la parte interior (la que mira al pasillo). Este acabado sólo era visible desde el pasillo de la puerta, es decir, con el pasillo abierto al tránsito. Además del enlucido el intradós del arco presentaba una línea esgrafiada a la altura de la línea de impostas. Este motivo decorativo es similar al que cubría la fachada de la puerta que daba a la ciudad (fig. 13). A nuestro juicio la decoración sólo podemos entenderla si era posible pasar bajo el arco para contemplarla. Por último, las gorroneras están a la misma cota que la rosca. Todo ello nos invita a pensar que nos encontramos ante el arco de una puerta.

Bajo los arcos anteriores encontramos otro par de arcos. En la fachada norte o fachada exterior el arco inferior se corresponde con una cloaca que se abre sobre la vieja calzada. La cloaca se construyó cuando la puerta fue cerrada al tránsito y quedó reducida a un simple desaguadero. El arco inferior de la cara sur (fachada interior) está realizado en ladrillo. Este arco también debe ser posterior al cierre de la puerta pues se prolonga más allá del plano de la fachada hasta situarse bajo la calzada de la calle Suárez de Figueroa lo que nos induce a pensar que debe estar relacionado con el recrecido de la calle de modo que el arco sirviese de desagüe bajo la calzada. El arco es suficientemente amplio como para permitir el paso de personas si bien en nuestra opinión debemos descartar esta hipótesis ya que debió construirse después de clausurarse la puerta y además suponemos que en el extremo opuesto a la puerta debe tener unas dimensiones más modestas hasta quedar reducido a un simple aliviadero.

Vistos los arcos, tanto el par superior como el par inferior, consideramos que los dos superiores, desaparecidos en el curso de las obras de restauración, se corresponderían con los originales de la puerta. Pensamos que esta interpretación es la que mejor se ajusta con los restos conservados (arcos alineados a la misma cota, posición de las gorroneras, intradós y rosca enlucida, etc).

Concluyendo diremos que nos encontramos ante una puerta con cierta complejidad con dos portadas unidas mediante un corredor. Las portadas presentaban arcos de ladrillo de medio punto con doble roca. El arco de la portada interior (lado sur) tenía el intradós enlucido y decorado. Las portadas presentaban una flecha desproporcionada en relación a la luz (tal y como aprecia en el grabado de Israel Silvestre). El pasillo que unía las dos portadas estaba cubierto con una bóveda de cañón de ladrillo. El arranque de la bóveda está marcado con una serie saliente de sillares de granito. Esta solución es similar a la que se utilizó en la bóveda del portillo de la Torre de las Siete Ventanas. Las dos piezas de granito más cercanas a la portada interior fueron utilizadas para fijar el eje de la puerta (gorroneras). Desgraciadamente no podemos precisar el sistema de cierre de la portada exterior (lado norte) aunque todo parece indicar que se trataba de una puerta de doble mocheta. No obstante, la limpieza de los muros contiguos a la portada exterior ha dejado al descubierto lo que pudiera ser un rebaje en el muro. Debemos reseñar que el citado rebaje, en caso de confirmarse su existencia, pudiera utilizarse tanto para el porticulis como para ajustar una pieza fija que cerraría el hueco superior de la puerta. En el primer supuesto la bóveda del corredor sería necesariamente posterior al rastrillo pues aquella no presenta evidencias de este último.

La puerta y la planta baja del Torreón de Pajaritos estaban comunicadas mediante un estrecho portillo. Posiblemente esta comunicación y el gran arco de ladrillo de la cara sur de la torre llevaron a Matías Lozano a suponer que la puerta tenía una estructura en recodo. En efecto, Matías Lozano Tejada consideró que

“…Los huecos que constituían la puerta se unían por un pasillo acodado, construyéndose más tarde una segunda planta. En ella se dedico una pequeña estancia para capilla…” (13)

El portillo debieron utilizarlo los porteros encargados de cerrar las puertas y los militares pero no los vecinos. Ya hemos dicho que este portillo debió construirse tras amortizarse la torre en la que se abría la puerta original (Puerta del Río) ya que en caso contrario el portillo comunicaría el pasillo interior de la puerta con la campaña.

Fig. 14. Vista del conjunto de la puerta con su forro de piedra.

Como ya hemos adelantado, cuando la puerta se cerró al tránsito, la estructura que hemos descrito fue parcialmente amortizada y reconvertida en aliviadero. Pese a estar cerrada, la puerta fue objeto de distintas obras en su paramento exterior. Una de las más recientes fue el forro de piedra que presentan las dos fachadas de la puerta y tres de los lados del torreón contiguo. Suponemos que es una obra muy tardía ya que el lado oeste de la torre debió forrarse una vez aislada la torre de la cortina y terraplén que tenía adosados.

Los distintos elementos asociados a la puerta (torreón-ermita, cuerpo de guardia, desagües, murallas, etc.) han experimentado multitud de cambios a lo largo de los siglos XVIII, XIX y XX. La simple enumeración excede con mucho las intenciones de este trabajo. Los interesados pueden consultar la abundante cartografía militar (Atlas Massé; Diego de Bordick, 1735; Pedro Moreau, 1735; Juan de Subreville, 1738; Ignacio Sala, 1739; Anónimo, 1739; Martín Gabriel, 1763; Ruiz de Olano, 1772; De Gabriel, 1803, etc.) (14). A modo de síntesis diremos que algunas de las construcciones asociadas a la puerta se han conservado y están perfectamente identificadas (torreón-ermita de Pajaritos), por el contrario, otras, situadas a la derecha de la puerta, han desaparecido. La función exacta y cronología de estas últimas se nos escapa. A este respecto sólo podemos señalar que existían en 1735 y quizá se destinaron a cuerpo de guardia. Posiblemente su desaparición debemos relacionarla con el cierre de la puerta. Así, en el plano de José de Gabriel (1803) ya no aparecen. Respecto al torreón-ermita de Pajaritos algunos autores lo han considerado islámico (Matías Lozano Tejada) y otros del siglo XVI (José Ramón Mélida y Alberto González). Por nuestra parte sólo hemos podido documentar el torreón-ermita en el siglo XVIII pues ni aparece en los planos del siglo XVII ni en la vista de Israel Silvestre.


Fig. 15. Cuadro de la Virgen del Pajarito (SOLÍS RODRIGUEZ, C.: Luis de Morales, Fundación Caja Badajoz, Badajoz, 1999).

Seguramente los dos asuntos que han provocado más confusión son los referidos a la ermita y la imagen que se veneraba en ella. Es posible que en un primer momento la imagen de Nuestra Señora de la Paz, también conocida como nuestra Señora del Pajarito, no se expusiese en una ermita sino en una capilla localizada en la fachada interior de la puerta y sobre el arco de la misma. Posteriormente se construiría el Torreón de Pajaritos y en su primera planta se ubicó la ermita (una dependencia cuadrada cubierta con cúpula). Algunos autores señalan que en dicha ermita estuvo un cuadro de Luis de Morales, otros han llegado a situar el taller del artista en este lugar. Ambas “historias” están muy asentadas en la tradición historiográfica local y muchos badajocenses las consideran auténticas aunque carecen de cualquier fundamento documental. Merece la pena que nos detengamos en este asunto y hagamos primero un breve recorrido histórico para conocer las distintas versiones que se han venido defendiendo sobre este tema.

Según Nicolás Díaz y Pérez (1887) la historia comienza cuando el Obispo fray Diego Gómez de Lamadrid (1578-1601) entrega al Cabildo Municipal el cuadro de Morales conocido como la Virgen adorada por los pajaritos (fig. 15). El Ayuntamiento decidió entonces construir un edificio para depositar el cuadro

“que es la habitación que está por cima del caño que sale al Huerto del Manco, y a la que desde entonces se llamó “Ermita de Pajaritos” como también se llama aquel lienzo de fortificación “Murallas de Pajaritos”. Este cuadro, que según tradición se veneraba en este pequeño oratorio, era una de las obras más grandes que se han conocido en la pintura; tenia tres varas de alto por dos de ancho (…) hasta el año 1811 en que los ingleses se lo llevaron contra la voluntad de todo el vecindario de la ciudad que diariamente acudia contemplar la obra del divino Morales…” (15)

Esta es la versión que conocen la mayor parte de los badajocenses. Como en otras ocasiones, el relato de Nicolás Díaz y Pérez carece de base documental. En efecto, varios estudios y documentos indican en dirección opuesta a la que nos marca Nicolás Díaz.

Para rebatir la fantasía de Nicolás Díaz comenzaremos con Antonio Ponz que publicó su obra en 1784, es decir, cien años antes que Nicolás Díaz publicase la suya. Durante su estancia en Badajoz, Antonio Ponz visitó la parroquia de la Concepción para contemplar los cuadros de Morales que allí se encontraban. Entre los cuadros que vio nos describe uno grande que se encontraba a los pies de la iglesia

“…cuyo asunto se reduce á nuestra Señora sentada, y al Niño Dios con un paxarillo atado de un hilo. En este quadro se figura una tablita, que se indica el año de 1546, que es quando se hizo: yo mandaria poner en otra el año en que se deshizo, como se puede decir haber sucedido con un infeliz retoque, que es muy reciente…” (16)

Es decir, Antonio Ponz vio el cuadro de Morales en la parroquia de Concepción.

José Ramón Mélida (1907-1910), que consideraba a la ermita de Pajaritos una obra del siglo XVI, señalaba en relación al cuadro que la dio nombre lo siguiente:

“…Es un cuadro grande, en el que al pie de un arbol aparece sentada la Virgen con el Niño Dios en los brazos, y el Niño jugando con una oropéndola que tiene presa de un hilo. Las figuras son algo mayores que el natural. En una cartela sobre el arbol está la firma, con la fecha de 1546. En eminente crítico de cosas de Arte D. Ceferino Araujo Sánchez consideró este cuadro como el mejor de Morales (…).
Trasladado este cuadro a la iglesia de Concepción alli lo vio Ponz y con los anteriores de Morales fue enajenado. Trasportado a lienzo lo conservan los herederos de Segismundo Moret en Madrid…” (17)

A nuestro juicio, José Ramón Mélida intentó conciliar la versión de Nicolás Díaz (la ermita se construyó para el cuadro) con la noticia de Antonio Ponz que situaba el cuadro en la parroquia de la Concepción. Por este motivo Mélida supuso que en un primer momento el cuadro estuvo en la ermita y después pasó a la parroquia de la Concepción.

La hipótesis de síntesis que nos propone José Ramón Mélida tampoco se ajusta a la realidad como se han encargado de demostrar Fernando Castón (1945) y más tarde Carmelo Solís.

Fernando Castón (1945) además de legarnos una magnífica descripción del cuadro documenta que la obra permaneció en la iglesia de la Concepción aunque fue pintada para el convento de las Trinitarias, antaño hospital y parroquia de la Concepción (18). Es decir, el cuadro no se pintó para la ermita de Pajaritos. Fernando Castón también precisa la fecha y las circunstancias de su desaparición. En efecto, se sospechaba que el cuadro había desaparecido a raíz de los robos y saqueos que tuvieron lugar en la ciudad durante la Guerra de la Independencia. Según Fernando Castón, el cuadro salió de Badajoz por una venta subrepticia que se produciría entre 1834 y 1838 pues al confrontar, el 23 de enero de 1839, los bienes del hospital se hecha de menos el cuadro que si aparecía en el inventario de 1834. Primero se pensó que lo había adquirido la Academia de París pero después se supo que el cuadro se vendió en Madrid. En la exposición de Morales que se celebró en 1917 el cuadro figuraba como propiedad de María Moret Remisa.

Parecía que los estudios de Fernando Castón cerraban la polémica. No obstante, en 1983, Matías Lozano Tejada publicó un estudio sobre las murallas de Badajoz en el que retomaba la vieja versión de Nicolás Díaz y Pérez

“…En este lugar (ermita de Pajaritos) se cree que el pintor badajocense Luis de Morales pintó uno de sus mejores cuadros representando a la Virgen con el niño que se llamó de la Oropéndola o del Pajarito…”(19)

La gran difusión de este libro y otros posteriores que volvían a recoger la versión de Nicolás Díaz han hecho que la mayor parte de los badajocenses no duden de su veracidad.

Las investigaciones de Carmelo Solís sobre Luis de Morales han dado un nuevo, y esperemos que definitivo, revés a la versión de Nicolás Díaz. Según Carmelo Solís, la Virgen del Pajarito es una pintura sobre tabla realizada en el año 1545 para el hospital de la Concepción o de San Andrés (Convento de religiosas Trinitarias). En la iglesia de la Concepción pudo verlo Antonio Ponz en su visita a Badajoz. Carmelo Solís ha precisado también algunas cuestiones referentes a la desaparición del cuadro. Este autor, en su monumental monografía sobre Luis de Morales, señala que tras ser enajenado el Hospital en 1834 con motivo de la desamortización la obra pasó a Madrid y la adquirió la familia del marqués de Moret que más tarde la donó a la madrileña iglesia de San Agustín. En la actualidad, puede contemplarse una copia del mismo realizada en lienzo por el pintor Vicente Poleró (20).

Fig. 16. Escultura de la Virgen del Pajarito, Iglesia de Santa María la Real (SOLÍS RODRÍGUEZ, C.; TEJADA VIZUETE, F.: Diócesis y catedral pacense. De los orígenes medievales al siglo XVI, Tecnigraf, Badajoz, 1999).


Queda claro que el cuadro nunca estuvo en la ermita de Pajaritos. En realidad, la imagen que se veneraba en la ermita era una escultura conocida como la Virgen del Pajarito o Nuestra Señora de la Paz. Según Francisco Tejada y Carmelo Solís, la Virgen del Pajarito es una escultura de bulto redondo realizada en alabastro policromado que representa a la Virgen con el niño que juega con una fruta y podría datarse a comienzos del siglo XVI (fig. 16). Esta imagen, como el resto de las que se encontraban en las ermitas de las puertas de la ciudad, fue trasladada a mediados del siglo XVIII. Concretamente el 26 de agosto de 1761 se procedió al traslado de la imagen de la Virgen del Pajarito desde su ermita, situada en el cuerpo superior del torreón, hasta la iglesia de Santa María. Al traslado concurrieron muchos vecinos que pusieron la imagen en unas andas siendo porteada por seis u ocho hombres. La imagen debía ser muy venerada a juzgar por los bienes y exvotos que la acompañaron (21). La escultura podemos admirarla en la iglesia de Santa María la Real. En la misma iglesia se encuentra también una talla policroma de la Virgen con el niño que juega con un pajarito. Pese a la proximidad entre ambas imágenes, Francisco Tejada defiende que la imagen que se encontraba en la ermita de Pajaritos era la primera (22).

Llegados a este punto debemos preguntarnos por el origen del nombre de la imagen ya que no aparece ningún pájaro y la Virgen y el niño juegan con una fruta. Para intentar aportar algo de luz en este asunto recordaremos una curiosa leyenda que nos relata Diego Suárez de Figueroa y que podría tener vinculación con el asunto que nos ocupa. Según este autor, la Puerta del Pajarito recibe este nombre

“…por una ermita que tiene sobre ella con una imagen de esta vocación, porque cada siete años venía un pájaro pequeñito y limpiaba con sus alas el interior de la iglesia, de cuyo caso fui testigo siendo yo de poca edad…” (23)

Asimismo cuando en 1761 se trasladó la imagen de la Virgen entre las posesiones de la ermita se encontraba una tabla donde se escribe las veces que viene el pajarito (24). Parece entonces que fue esta creencia la que pudo dar nombre a la ermita ya que la imagen no tiene ningún pajarito y la imagen se la conocía como Nuestra Señora de la Paz. Por otro lado, debemos recordar que durante los siglos XVII y XVIII la mayor parte de los autores se refirieren a ella como Puerta del Pajarito (25). Posteriormente la puerta y la ermita fueron conocidas como puerta y ermita de Pajaritos respectivamente. En cualquier caso insistimos que esta propuesta no deja de ser una sugerencia que no obstante ya ha sido expuesta por Álvaro Meléndez, Javier Teijeiro, Antonio Manzano y Francisco Tejada (26).

Por último hemos de señalar que cuando la ermita perdió su carácter sagrado se destinó a diferentes usos. Así, en el plano de Francisco Iznardo (1844) se apunta que el torreón servía como repuesto de municiones (27). El informe sobre las fortificaciones de Badajoz del año 1900 señala que el principal del Torreón de Pajaritos (antigua ermita) se utilizaba como almacén para el cuerpo de guardia de la Puerta Nueva (28). Por su parte, Tirso Lozano Rubio nos señala que en su tiempo la antigua ermita se conservaba convertida en vivienda (29). En fecha reciente se ha procedido a una obra de restauración del edificio y el Ayuntamiento ha decidido cederlo a la Asociación de Amigos de Badajoz.

Antes de terminar debemos apuntar la existencia de otras puertas situadas en este entorno que pudieron tener relación con la Puerta del Río/Pajaritos. Alberto González señala que hacia 1565 se abrió una puerta junto a la actual Puerta de Pajaritos. Desconocemos la ubicación de dicha puerta, su relación con las que estamos viendo y con otra en la que Nicolás Díaz sitúa el escudo de Badajoz que hoy luce la Galera. Asimismo en alguna ocasión se han confundido las puertas de Pajaritos y Yelves (30).



NOTAS



1.Contamos con multitud de documentos que confirman la situación de la puerta al final de estas calles ya que en las escrituras notariales era corriente asociar las calles de San Atón, Morales y Porrinas con la Puerta del Río. A modo de ejemplo valgan los siguientes:

-Casas situadas en la calle que baja de la ermita de San José a la Puerta del Río, actualmente calle de San Atón (A.H.P., Badajoz, Prot. 31, fol. 713).
-Casas en la calle que baja de la mancebía a la Puerta del Río, actualmente calle de Porrinas (A.H.P., Badajoz, Prot. 31, fol. 40).
-En varios cabildos municipales se dice que la Puerta del Río se encuentra al final de la calle de Morales (A.H.M., Badajoz, Libro de Acuerdos, 24 de noviembre de 1598, fol. 276; 30 de agosto de 1629, fol. 33v-34).

Asimismo es muy posible que el río diese nombre a las calles más importantes que confluían hacia él (calles de San Atón, Morales y Joaquín Sama). En efecto, ya hemos visto que la calle de San Atón aparece como la calle que baja de San José de la Puerta del Río pero también como calle Alta del Río (RUBIO RECIO; J. M.: “Badajoz. Apunte estructural y genético”, Revista de Estudios Extremeños, XVIII-2, Badajoz, 1962, pág. 267). Por otro lado, W. Kurtz ha documentado en el siglo XVI una calle del Río vinculada con la ermita de San José (KURTZ, W.: Retrato de una ciudad. Badajoz en el siglo XVI según los libros de Hacienda de la Cofradía y Hospital de la Concepción, Diputación Provincial, Badajoz, 2006, Vol. I, pp. 113, 121, 317, 319 y 320; Vol. II pp.607, 608, 610, 614, 719, 789, 794-796, 800, 801, 809, 850, 865, 871 y 895). Esta calle del Río debe corresponderse con la calle de San Atón (calle que baja de San José a la Puerta del Río) pues la calle de Suárez de Figueroa, que también va de San José al río, aparece citada como la calle que baja de San José al Monturio de Yelves.
Por lo que se refiere a la calle de Joaquín Sama hemos de recordar que José Manuel Rubio Recio señala que en 1528 aparece como calle del Río. (RUBIO RECIO; J. M.: “Badajoz. Apunte estructural y genético”, op. cit., pág. 269).
Por último, en una escritura de venta del año de 1601 se especifica que las casas objeto de la venta se encontraban en la calle del Río que dicen de morales (A.H.P., Badajoz, Prot. 172, fol. 276). En este caso la calle del Río se corresponde con la actual calle de Morales. Durante algún tiempo también fue conocida como la calle de la Puerta del Río y calle del Pajarito (RUBIO RECIO; J. M.: “Badajoz. Apunte estructural y genético”, op. cit., pág. 267).
Parece entonces que las calles de San Atón, Morales y Joaquín Sama durante algún tiempo tuvieron el mismo nombre, calle del Río, aunque es posible que la primera fuese conocida también como alta del Río para diferenciarla de las demás. Para el caso de la calle de Morales lo más habitual era asociarla a la Puerta el Río más que al río propiamente dicho.
2.A.H.M., Badajoz, Libro de Acuerdos, 24 de julio de 1598, fol. 196v.
3.A.H.M., Badajoz, Libro de Acuerdos, 24 de noviembre de 1598, fol. 276.
4.A.H.M., Badajoz, Libro de Acuerdos, 10 de enero de 1631, fol. 144v.
5.La evolución de la puerta puede seguirse gracias a la abundante cartografía militar de la ciudad. Entre los planos más interesantes destacamos los siguientes:
-Plano anónimo de Badajoz (hacia 1645) Krigsarkivet, Estocolmo (SÁNCHEZ RUBIO, C. M; SÁNCHEZ RUBIO, R.: Badajoz en el Krigsarkivet. El hallazgo de la visión más lejana, Excmo. Ayuntamiento, Badajoz, 2003).
-Planta de la Plaza de Badaioz i su Castillo conforme esta oi 28 de abril 1704, Anónimo (BONET CORREA, A.: Cartografía militar de plazas fuertes y ciudades españolas, siglos XVII-XIX, Instituto de Conservación y Restauración de Bienes Culturales, Madrid, 1991, pág. 17).
-Plan de la Ville Chateau et forts de Badajos…, Atlas Massé (BONET CORREA, A.: Cartografía militar de plazas fuertes y ciudades españolas, siglos XVII-XIX, op. cit., pág. 18).
-Plano del recinto de la fortificación de Badajoz con el castillo viejo y el fuerte de San Cristóbal, Diego de Bordick, 1735, S.G.E., Madrid, plano número 117 (TEIJEIRO FUENTES, J.; MELÉNDEZ TEODORO, A.: La fortificación abaluartada de Badajoz en los siglos XVII y XVIII, Tajo-Guadiana, Badajoz, 2000, pág.132).
-Proyecto de la Plaza de Badajoz, Ignacio Sala, 1739, S.G.E., plano número 146 (CRUZ VILLALÓN, M.: Badajoz. Ciudad amurallada, Junta de Extremadura, Badajoz, 1999, pág. 51).
-Alzado de el developamentto del rezinto de Badajoz, Juan de Subreville, 1738, S.G.E., Madrid, plano número 143 (TEIJEIRO FUENTES, J.; MELÉNDEZ TEODORO, A.: La fortificación abaluartada de Badajoz en los siglos XVII y XVIII, Tajo-Guadiana, Badajoz, 2000, pág.132).
-Plano de la Plaza de Badajoz con el de las demas obras anexas a el en el estado en hasta oy Primero de junio de 1739 se hallan sus fortificaciones, Anónimo, 1739, I.H.C.M., Madrid, B-8-44 (CRUZ VILLALÓN, M.: Badajoz. Ciudad amurallada, op. cit., pág. 54).
-Planos del recinto y fuertes de Badajoz, Martín de Gabriel, 1763, I.H.C.M., Madrid, B-8-47 (LOZANO TEJADA, M.: Badajoz y sus murallas, Colegio de Arquitectos de Extremadura, Grafisur, Los Santos de Maimona, 1983).
-Plano de la plaza de Badajoz con sus contornos…, Pedro Ruiz de Olano, 12 de marzo de 1772, S.G.E., plano número, 156 (CRUZ VILLALÓN, M.: Badajoz. Ciudad amurallada, op. cit., pág. 63).
-Plano que manifiesta la altura del castillo antiguo de la plaza de Badajoz, José de Gabriel, 1803, S.G.E., Madrid, plano número 159 (CRUZ VILLALÓN, M.: Badajoz. Ciudad amurallada, op. cit., pp. 64-67).
6.Los ejemplos de puertas que cambiaron de nombre son numerosos: Puerta de Jerez (Puerta de Santa Marina); Puerta Nueva del Puente (Puerta de Palmas); Puerta de Sevilla (Puerta de la Trinidad); Puerta de la Consolación (Puerta de Carros); Puerta principal del castillo (Puerta del Capitel), Portillo de Romeros (Portillo del Campillo), etc.
7.A.H.P., Badajoz, Prot. 344, fol. 235 y ss. Javier Teijeiro y Álvaro Meléndez deducen del plano de Juan Muñoz Ruesta (1698) que la Puerta de Pajaritos es de nueva rehabilitación (TEIJEIRO FUENTES, J.; MELÉNDEZ TEODORO, A.: La fortificación abaluartada de Badajoz en los siglos XVII y XVIII, op. cit., pág. 88).
8.Plano de la Plaza de Badajoz con el de las demas obras anexas a el en el estado en hasta oy Primero de junio de 1739 se hallan sus fortificaciones, op. cit., not. 5.
9.Planos del recinto y fuertes de Badajoz, Martín de Gabriel, op. cit., not. 5.
10.HERNÁNDEZ DE TOLOSA, L.: Libro de noticias, Real Academia de Extremadura de las Letras y las Artes, Trujillo, 1992, pág. 68.
11.B.N., Madrid, Ms. 18260, pp. 119-120.
12.BADAJOZ. Vista parcial de la ciudad, en que se destaca la esbelta torre de la Catedral (GARRORENA, F.: Tipos, escenas, monumentos y castillos de Badajoz y de su provincia, s/f.).
13.LOZANO TEJADA, M.: Badajoz y sus murallas, Colegio de Arquitectos de Extremadura, Grafisur, Los Santos de Maimona, 1983, pág. 134.
14.Ver nota 5. Hemos de apuntar que resulta muy interesante la vista de la puerta que nos ofrece Juan de Subreville en 1738 aunque el autor intercala y superpone imágenes reales con otras que el proyectaba realizar (Alzado de el developamentto del rezinto de Badajoz, Juan de Subreville, op. cit., not. 5).
15.GUERRA GUERRA, A.: “Callejero de Badajoz. Avenida de Joaquín Costa”, B.I.M., (enero-marzo), nº 30, Excmo. Ayuntamiento, Badajoz, 1963, pág. 55.
16.PONZ, A.: Viajar por Extremadura, vol. II, Universitas Badajoz, Badajoz, 2004, pág. 163.
17.MÉLIDA, J.R.: Catálogo monumental de España. Provincia de Badajoz, Ministerio de Instrucción Pública y Bellas Artes, Madrid, vol. II, pág. 127.
18.CASTÓN DURÁN, F. Rincones de la historia extremeña, op. cit., pág. 94. La descripción de Fernando Castón es la siguiente:

“…La Virgen, iluminada por la blanca luz que entra por la izquierda, posa junto al tronco de un árbol. Viste túnica blanca y amarilla, con manto azulado. Su brazo izquierdo sostiene al Niño, y con la mano derecha tiene un hilo, del que pende un pajarillo, que vuela en sentido contrario. También el Divino Infante coge con la derecha la parte media del hilo o cuerda…”

CASTÓN DURÁN, F. Rincones de la historia extremeña, Publicaciones del Monte de Piedad y Caja General de Ahorros, Tipografía Viuda de A. Arqueros, Badajoz, 1945, pág. 94. En un trabajo anterior había defendido la misma tesis (CASTÓN DURÁN, F.: “La Virgen del Pajarito”, Revista del Centro de Estudios Extremeños, XV, Badajoz, 1941).
19.LOZANO TEJADA, M.: Badajoz y sus murallas, op.cit., pág. 134.
20.Historia de la Baja Extremadura (Director Manuel Terrón Albarrán), vol. II, Grafisur, Badajoz, 1986, pág. 629; SOLÍS RODRIGUEZ, C.: Luis de Morales, Fundación Caja Badajoz, Badajoz, 1999, pág. 184.
21.HERNÁNDEZ TOLOSA, L.: Libro de noticias, Real Academia de Extremadura de las Letras y las Artes, Trujillo, 1992, pág. 23.
22.La imagen procede de la iglesia de Santa María del Castillo (SOLÍS RODRÍGUEZ, C.; TEJADA VIZUETE, F.: Diócesis y catedral pacense. De los orígenes medievales al siglo XVI, Tecnigraf, Badajoz, 1999, pp.12, 46-48.
23.SUÁREZ DE FIGUEROA, D.: Historia de la ciudad de Badajoz, Diputación Provincial, Badajoz, 1976, pág. 26.
24.SOLÍS RODRÍGUEZ, C.; TEJADA VIZUETE, F.: Diócesis y catedral pacense. De los orígenes medievales al siglo XVI, op. cit., pág. 48.
25.En los planos de Badajoz de los años 1645 (Krigsarkivet, Estocolmo) y 1698 aparece citada como Puerta del Pajarito. Por el contrario, en los planos del siglo XVIII aparece tanto como Puerta del Pajarito (plano anónimo del año 1739) o Puerta de Pajaritos (planos de Diego de Bordick, Juan de Subreville, Pedro de Moreau, Martín de Gabriel, etc). Asimismo en el cabildo del día 5 de noviembre de 1646 se refiere a la imagen como Nuestra Señora del Pajarito. Por otro lado, Diego Suárez de Figueroa (1727) y Leonardo de Tolosa (1765) la identifican como Puerta del Pajarito.
26.TEIJEIRO FUENTES, J.; MELÉNDEZ TEODORO, A.: La fortificación abaluartada de Badajoz en los siglos XVII y XVIII, Tajo-Guadiana, Badajoz, 2000, pp. 180-181.
Antonio Manzano defendió esta hipótesis en la presentación de la Historia de Badajoz de Diego Suárez de Figueroa (Feria del Libro, 2005). Por su parte en la Crónica de Badajoz del lunes 30 de mayo Francisco Tejada insistía en la misma línea. También en el diario Hoy del 20 de junio de 2006 se hacia una encendida defensa de la misma hipótesis.
27.MELÉNDEZ TEODORO, A.: “Cuarteles y dependencias militares en la plaza de Badajoz” Apuntes para la Historia de la Ciudad de Badajoz, R.S.E.A.P., Diputación Provincial, Badajoz, 2005, pág. 23.
28.MELÉNDEZ TEODORO, A.: “La fortificación de Badajoz en el siglo XX”, Apuntes para la historia de la ciudad de Badajoz, vol. III, R.S.E.A.P., Badajoz, 2001, pág. 117.
29.LOZANO RUBIO, T.: Historia de Badajoz. Apéndices a la historia del Dr. Mateos, vol. II, Badajoz, 1930, pág. 268.
30.CASTÓN DURÁN, F.: Rincones de la historia extremeña, Publicaciones del Monte de Piedad y Caja General de Ahorros, Badajoz, Tipografía de la Viuda de A. Arqueros, Badajoz, 1945, pág. 95.

sábado, 11 de octubre de 2008

LAS PUERTAS DE LA TRINIDAD

La primera Puerta de la Trinidad se abría en la muralla medieval contigua al convento homónimo. El camino que unía Badajoz y Sevilla partía de ella y por este motivo fue conocida primero como Puerta de Sevilla. Con el paso del tiempo, la proximidad al convento de la Trinidad resultó determinante y la puerta tomó el nombre del convento. El cambio de nombre debemos situarlo a partir del siglo XIV ya que en un documento de 1499 todavía aparece como Puerta de Sevilla (1). Nicolás Díaz y Pérez asegura que en algún momento se llamó Puerta de San Roque aunque no hemos podido contrastar la fuente en la que se basa y por ello debemos ser sumamente cautos. En cualquier caso, el cambio de nombre de las puertas es bastante corriente. Así, la vieja Puerta de Jerez, que era la salida del camino de Jerez de los Caballeros, terminó tomando el nombre de la ermita de Santa Marina que se levantaba frente a ella.



Puerta de la Trinidad. Plano de Badajoz de mediados del siglo XVII (Krigsarkivet, Estocolmo). Delante de la puerta se observan las obras levantadas a raíz de la Guerra de la Restauración de Portugal (media luna y estacada). SÁNCHEZ RUBIO, C.M.; SÁNCHEZ RUBIO, R.: Badajoz en el Krigsarkivet. El hallazgo de la visión más lejana, Excmo. Ayuntamiento, Badajoz, 2003.




Puerta de la Trinidad según Luis de Venegas (1677). I.H.C.M., Colección Aparici-XXVIII. En este esquema la muralla medieval aparece en color marrón y señalada con la letra A. En color azul y señaladas también con la letra A, aparecen las obras construidas a lo largo de la guerra de la Restauración (media luna de la Trinidad, baluarte de los Hornos Caleros y la estacada de la Trinidad). Las líneas representadas en verde y rojo (marcadas con las letras B y C) se corresponden con dos proyectos de Luis de Venegas que no llegaron a materializarse



Puerta de la Trinidad según Baldi (1668). Sólo se aprecia el remate de los dos torreones y el alzado completo de uno de ellos ya que el resto de la puerta está oculta tras la media luna de la Trinidad.


Era una puerta que repetía el mismo esquema de las puertas de Mérida y Santa Marina, es decir, acceso directo y dos torres cuadradas para flanquearla (2). En la fachada exterior, lucía un escudo con las armas de la ciudad. Normalmente los escudos de las puertas eran de piedra pero el de la Puerta de la Trinidad estaba pintado (3). A diferencia de otras puertas no contó con capilla hasta el siglo XVII. La iniciativa para construir la capilla partió del convento de la Trinidad que expuso su petición al Cabildo Municipal el día 29 de agosto de 1639 (4). La solicitud fue aceptada con algunas condiciones. En efecto, el 1 de septiembre las autoridades municipales decidieron que la capilla la ocuparía una imagen de la Virgen de las Angustias. También acordaron que el convento no participase en las obras y que la escalinata de acceso a la capilla se construyese fuera convento. Por este motivo la escalinata se dispuso en el lateral izquierdo de la puerta, es decir, en el extremo opuesto del convento. En el mismo Cabildo Municipal (1 de septiembre) se acordó hacer dos llaves para la capilla (una la tendría el mayordomo y otra el convento). Asimismo las autoridades municipales dejaron claro la capilla era de la ciudad y no del convento (5). El día 5 de septiembre se acordó iniciar las obras. Es posible que la imagen de la Virgen de las Angustias que se dispuso en la capilla procediera de la Puerta del Capitel.

La puerta era una de más importantes de Badajoz o por lo menos una de las que se consideraba de más utilidad para el vecindario y en caso peste era una de las pocas que permanecía abierta (24 de julio de 1598, 24 de noviembre de 1598, 31 de agosto de 1629, 16 de octubre de 1630, 15 de junio de 1637, etc.). En alguna ocasión las autoridades municipales ordenaron su reparación coincidiendo con algún episodio de peste. Así, con motivo de la alarma de peste de junio de 1637 se ordenó poner puertas nuevas (hojas o batientes) para poder cerrarla. De este modo se garantizaría el tránsito de día y al tiempo podía cerrarse de la noche para impedir la entrada de posibles apestados. La orden se cumplió con diligencia ya que en el cabildo del día 5 de noviembre se acordó que los regidores

“…recoxan las puertas que se fizieron para guardar esta ciudad y se pusieron en las puertas della…” (6)

En el mismo cabildo se decidió pagar a Antonio Hernández Sardiña que estuvo de sobrestante en la Puerta de la Trinidad (7). Que al Cabildo Municipal, siempre necesitado de fondos, optase por reparar la puerta para mantenerla en uso nos da idea de su importancia.

El 10 de septiembre de 1640 se ordenó pregonar una nueva obra en la puerta. El coste de la misma se libraría del juro que la ciudad tenía situado sobre las alcabalas para el reparo de los muros.

La Guerra de la Restauración convirtió a la Puerta de la Trinidad en una de las más importantes de la ciudad. Cuando se inició el conflicto con Portugal (diciembre de 1640) las autoridades municipales ordenaron cerrar todas las entradas de la cerca urbana salvo las puertas de Palmas y Trinidad. Desde este momento la Puerta de la Trinidad asumió funciones que tradicionalmente estaban reservadas a otras puertas de la ciudad. Así, se convirtió en la entrada más adecuada para recibir a los visitantes ilustres que anteriormente hacían su entrada oficial por la Puerta de Santa Marina. Podemos tomar como ejemplo la recepción de los nuevos obispos. El primer obispo que efectuó su entrada solemne en Badajoz por la Puerta de la Trinidad fue Fray José de la Cerda (6 de octubre de 1641). La recepción del siguiente obispo, Fray Ángel Manrique, aparece descrita en el Cabildo Municipal del día 11 de octubre de 1645. En el acta correspondiente se dice que el obispo entró por la Puerta de la Trinidad ya que la Puerta de Santa Marina, que se venía utilizando para estos eventos, no podía utilizarse ya que esta serrada y no usarse della por causa dela guerra de Portugal (8). Los obispos Diego López de la Vega (1649-1658) y Gabriel de Esparza (1659-1662) también entraron por la Puerta de la Trinidad (9). No obstante, debemos advertir que cuando se reabrió la Puerta de Santa Marina los obispos Fray Francisco Roys Mendoza (1668-1673) y Juan Marín de Rodezno (1681-1706) hicieron su entrada por esta última.

Como ya hemos adelantado, la Guerra de la Restauración (1640-1668) marcó un hito en la evolución de la Puerta de la Trinidad. Durante la guerra fue objeto de atención especial ya que se encontraba en uno de los puntos más vulnerables de la ciudad. Las obras fueron casi continuas e incluyeron puertas (batientes), rastrillos, cuerpo de guardia, media luna, estacada y camino cubierto.

La documentación más abundante es la que se refiere a las puertas y rastrillos. No obstante, debemos advertir que los documentos no diferencian entre la puerta y el rastrillo de la Trinidad y la puerta y rastrillo de la de la media luna que se construyó delante de aquella. La primera actuación que tenemos documentada se remonta al 3 de julio de 1648. Ese día se ordenó librar 300 rs. a Antonio Morgado por la reparación de los rastrillos y puertas de Trinidad y Palmas (10). Poco después, en el cabildo del día 5 de julio de 1646, se decidió que el arbitrio de 18 mrs. en cada arroba de vino, que se había establecido para pagar las pérdidas de las carnicerías, se utilizase para aderezar los cuerpos de guardia y los rastrillos (11).

El 14 de julio de 1648, el marqués de Leganés envió una carta al Cabildo Municipal en la que exponía:

“…la puerta de la tienidad esta adereçada no haciendose la misma delixençia en la de la puente y otras que se estan cayendo y de mala calidad no se puede entender se aya obrado cosa de consideracion y aunque reconosco la estredesa de medios con que alla la ciudad es tan preciso acudir al remedio desto…” (12).

El Cabildo debió dar por buenas las críticas del marqués de Leganés pues acordó que Antonio Morgado (carpintero que ya había efectuado reparaciones en las puertas de Palmas y Trinidad) aderezase lo que fuese necesario aunque Antonio Morgado se centró en la Puerta de Palmas y su entorno. El día 27 de julio volvió a tratarse el asunto de los rastrillos de las puertas de Palmas y la Trinidad. En esta ocasión se acordó financiar las reformas con el arriendo de los molinos de la aceña (13).

Durante el año 1650 continuaron las obras. El Cabildo Municipal, siguiendo las indicaciones del marqués de Leganés, había ordenado reparar las puertas. Dichas reparaciones debieron ejecutarse pues el 14 de febrero se acordó pagar 500 rs. a Antonio Montero, Maestro Mayor de las obras de la ciudad, por los rastrillos de las puertas del Puente y la Trinidad (14). El importe de las reparaciones debía detraerse de la partida correspondiente a los 38 mrs. que se cargaron por cada arroba de vino y que en principio se había destinado al empedrado de las calles y otras cosas. El 12 de mayo el general de la artillería solicitaba al Cabildo Municipal que se reparasen el cuerpo de guardia y el rastrillo ya que el primero estaba caído y el segundo muy maltratado. Las dificultades económicas hacían muy difícil que el Municipio pudiera acometer todas las obras. El 20 de mayo, los comisarios municipales encargados del seguimiento de las obras informaron que se habían invertido en ellas 300 rs. pero se necesitaban más. En el mismo Cabildo se propuso librar los fondos del arriendo de la Cañada de Aguas Frías y librar otros 500 rs para el aderezo del rastrillo de la Puerta del Puente y el cuerpo de guardia de la Trinidad. El 1 de diciembre se libraron 53 rs. a Antonio Morgado por los rastrillos de la Puerta d la Trinidad. El día 12 del mismo mes se ordenaba un nuevo pago y el 9 de enero de 1651 Antonio Morgado recibió 200 ducados por sus trabajos. Esta cantidad se descontaría de los 3 y 6 mrs. impuestos en cada arroba de vino, que en principio se había destinado a la limpieza y empedrado de las calles. Parece que tras estas reparaciones los rastrillos y puertas quedaron en un estado aceptable.

Tendrán que pasar varios años para que encontremos nuevas referencias a la puerta. En efecto, en el Informe de Francisco Domingo (1679) se apunta que sus puertas estaban de poco servicio.



Puerta de la Trinidad. Plano de Badajoz de mediados del siglo XVII (Krigsarkivet, Estocolmo). Delante de la puerta se observan las obras levantadas a raíz de la Guerra de la Restauración de Portugal (1640-1668).Comenzando de dentro a fuera encontramos dentro de la ciudad ya al izquierda de la puerta el puesto de guardia ($). Justo al salir y delante de la puerta una estacada (recinto cuadrado punteado). Delante la media luna levantada con terraplenes sin revertir de piedra y por último un foso o cava bordeaba la media luna en su cara exterior. SÁNCHEZ RUBIO, C.M.; SÁNCHEZ RUBIO, R.: Badajoz en el Krigsarkivet. El hallazgo de la visión más lejana, Excmo. Ayuntamiento, Badajoz, 2003.

Además de las actuaciones en los elementos de cierre (puertas y rastrillos) las autoridades municipales también prestaron mucha atención al cuerpo de guardia. En efecto, al ser una de las dos puertas que permanecieron abiertas durante la guerra, contó con un puesto de guardia desde el que se abastecía al puesto de guardia del olivar de los Frailes de la Trinidad (15). El plano de Badajoz del Krigsarkivet nos muestra que el cuerpo de guardia se encontraba intramuros y seguramente muy cerca del arranque de la escalinata que subía a la capilla de la Virgen de las Angustias. Debió ser una obra poco consistente pues, el 12 de mayo de 1650 se ordenó su reforma (16). Como ya hemos adelantado, las obras se iniciaron pero la cantidad adjudicada se quedó corta por lo que el día 20 de mayo el Cabildo ordenó librar 500 rs. para la reparación del rastrillo de la Puerta de Palmas y el cuerpo de guardia de la Puerta de la Trinidad.

La media luna que se levantaba delante de la puerta contaba con su propio cuerpo de guardia. La existencia de dos cuerpos de guardia en la puerta (uno intramuros y otro en la media luna) queda de manifiesto en la relación de obras que se comprometió a realizar Francisco Domingo el 12 de agosto de 1665

“…En la puerta de la Santisima Trinidad he de adereçar el cuerpo de guardia donde estan los soldados el qual ha de lleuar duçientas tejas: medio cahiz de cal y los demas aderentes= y he de çerrar la puerta alta de la escalera y adereçar el rincon.
He de adereçar el cuerpo de guardia de las armas y poner vn quarton, doscientas tejas y vna carga de cal.
Fuera de la puerta en la media luna e de aderezar el cuerpo de guardia de la cavalleria el qual nesecita de tres haçes de caña: cuatrocientas tejas, ocho carretadas de piedra y doçe cargas de barro, vna carga de cal y los demas aderentes…” (17)

La media luna fue la obra de mayor envergadura de las que se construyeron para asegurar la puerta. Las medias lunas eran fortificaciones de planta triangular y paredes en talud que tenían como objetivo cubrir a otro elemento, situado tras ella, de los impactos directos de la artillería. Asimismo las medias lunas hacían más complicado que el enemigo pudiese acercarse hasta las puertas para volarlas. La media luna contaba con su propia puerta, rastrillo y cuerpo de guardia. Algunos autores sostienen que se construyó en 1642 (Luis Marinho), otros fechan la obra en 1643 (conde de Santiesteban) (18). En cualquier caso, las medias lunas de la Trinidad y Santa Marina fueron las primeras que se construyeron para reforzar las viejas murallas medievales que cercaban Badajoz.

La media luna se adosó a los muros de la cerca medieval. Estaba construida con terraplenes sin revestimiento de piedra (camisa) y estaba precedida de un pequeño “foso”. La entrada se emplazada en la cara izquierda de la media luna.

Resulta sorprendente que no se prestara más atención a la media luna pues cubría uno de los puntos más vulnerables del recinto fortificado de Badajoz. Para hacernos una idea de su debilidad sólo tenemos que recordar las palabras de Diego Caballero que en un informe, fechado el 6 de febrero de 1665, decía de ella

“…La media luna que cubre la puerta de la Trinidad está de mala calidad y pide pronto reparo…” (19)

Posteriormente Luis de Venegas (informe de 8 de julio de 1677) señalaba

“…La media luna de la puerta de la trinidad es muy pequeña pero en la consideración que está metida en un balle y que en ocasión de ataque por aquella parte (…) y estar la dha. media luna de la Trinidad muy arruinada y desecha por ser de tierra necesita de revestirla de piedra y cal de un vara de grueso y ponerle su puente levadizo y asi mismo acabar la estrada cubierta…” (20)

La puerta estaba reforzada con otras obras:

-Una estacada entre la puerta y la media luna. La estacada hacia las veces de las modernas alambradas (plano de Badajoz del Krigsarkivet, Estocolmo).
-El camino cubierto construido por Diego Caballero. Este elemento se extendía delante del foso de la media luna y se prolongaba algunos metros en dirección a la Torre del Canto del Rivillas (plano de Francisco Domingo, 1679).



Puerta de la Trinidad. Plano de Francisco Domingo (1679). I.H.C.M., Colección Aparici-XXVIII. Delante de la puerta se observa la media luna y delante de ella el camino cubierto (color verde). Los dos baluartes que aparecen representados en rojo se corresponden con los que propuso levantar Francisco Domingo si bien en ese momento (1679) no estaban construidos.

En conjunto, los mejores testimonios para visualizar la estructura y la apariencia externa de la puerta los encontramos en los planos del Krigsarkivet (Archivo Militar, Estocolmo), Luis de Venegas (1677), Francisco Domingo (1679) y especialmente la vista de Pier María Baldi (1668).

Como ya hemos adelantado en otros capítulos las autoridades no se limitaron a fortificar las puertas también procuraron su vigilancia para evitar tanto la fuga de desertores como la entrada de espías. Así, el día 17 de enero de 1641 se acordó el nombramiento de los regidores que debían vigilar el paso por las puertas del Puente, Santa Marina, Trinidad y Mérida. Esta media se volvió a confirmar en los cabildos de los días 18 de septiembre de 1643 y 14 de septiembre de 1645.

Cuando acabó la guerra (tratados de Lisboa y Madrid, 1668) los trabajos en las fortificaciones de la ciudad se limitaron a mantener las obras existentes y reparar los tramos que periódicamente se iban arruinando. La situación cambió radicalmente cuando a finales del siglo XVII la Corona decidió fortificar Badajoz con un recinto abaluartado moderno. La muralla abaluartada, que debía sustituir a la vieja cerca medieval, se inició en la esquina de la Trinidad que era el punto más vulnerable de Badajoz.

Antes de construir las nuevas fortificaciones era preceptivo un proyecto realizado por un ingeniero. Merece la pena que nos detengamos, aunque sólo sea brevemente, en los principales proyectos que presentaron para fortificar esta zona. Los proyectos más ambiciosos se deben a los ingenieros Ventura Tarragona, Luis de Venegas, Nicolás de Langres y Francisco Domingo (21).



Proyectos de Luis de Venegas para fortificar la esquina de la Trinidad (1677). I.H.C.M., Colección Aparici-XXVIII. En color rojo y marcado con la letra B el primer proyecto que se remonta al año 1658. En verde y marcado con la letra C el segundo proyecto. En marrón y Negro y marcadas con al letra A aparecen las obras que existían en ese momento (cerca medieval, media luna de la Trinidad, estacada de la Trinidad, Baluarte de los Hornos Caleros y camino cubierto de Francisco Domingo-Langres.

-El primer proyecto fue obra de Luis de Venegas si bien se añadieron después aportaciones de los ingenieros Ventura Tarragona y Nicolás de Langres. En este proyecto la nueva línea fortificada discurría por una cota más elevada que la muralla medieval. Con este trazado las nuevas fortificaciones no estarían dominadas desde el Cerro de la Picuriña aunque el convento de la Trinidad y la vieja puerta quedarían extramuros. El proyecto no llegó a ejecutarse.
-El segundo proyecto fue elaborado también por Luis de Venegas y pretendía salvar los problemas que presentaba el primero. Para ello la línea fortificada se trazó por las inmediaciones del Rivillas dejando intramuros al convento de la Trinidad, la puerta y varias casas de la ciudad que en el proyecto anterior quedaban extramuros. Por desgracia con este trazado las nuevas fortificaciones seguían dominadas desde el Cerro de la Picuriña




Proyecto de Francisco Domingo (1679). I.H.C.M., Colección Aparici-XXVIII. En Rojo aparece el proyecto para construir dos baluarte y sus cortinas.


-En junio de 1679, se estudió el presupuesto de un tercer proyecto que a iniciativa de Antonio Paniagua había realizado Francisco Domingo. En este proyecto se contemplaba la construcción de dos baluartes que dejarían intramuros al convento de la Trinidad.

El proyecto de Francisco Domingo fue el elegido y se tramitó y ejecutó con una rapidez inusitada. En efecto, Francisco Domingo realizó el presupuesto de las obras el 2 de junio. El presupuesto se incorporó al informe que Antonio Paniagua envió al Consejo de Guerra (2 de junio de 1679). Pues bien, el día 3 de marzo de 1680 Antonio Ravanales, maestro albañil, y su compañero Juan Marcos ya tenían adjudica la obra de la fabrica de los baluartes y muralla de la puerta de la santisima Trinidad (22). Si nos fiamos de la fecha que aparece grabada en la portada interior, en el año 1680 la zona contigua a la nueva puerta de la Trinidad ya estaba concluida. Otras fuentes resultan menos precisas y se limitan a señalar que el baluarte de la Trinidad se levantó siendo Antonio Paniagua gobernador de las armas de Extremadura. En efecto, en el Cabildo del día 25 de junio de 1691 se apunta que la Puerta de la Trinidad se hizo en tiempo del Sr. Ant. Paniagua (23). Por su parte en la Relacion sobre el adelantamiento de la muralla de la nueva fortificacion desta plaza de Badajoz (10 de septiembre de 1694) se dice que Antonio Paniagua comenzó el Baluarte de la Puerta de la Trinidad (24).

Posiblemente la Corona aceleró la tramitación de las obras espoleada por las noticias que se tenían sobre las precauciones que estaban tomando los portugueses ante un posible enfrentamiento con Castilla. Tampoco debemos obviar que en la rápida ejecución de la obra pudo intervenir también el miedo a la peste. En efecto, para evitar la llegada de enfermos de peste el Cabildo Municipal ordenó tapiar los portillos, cerrar las puertas y sobre todo controlar la llegada de forasteros.

Es decir, en 1680 la vieja puerta de la Trinidad había sido demolida y en su lugar se había construido una nueva que se abría en el flanco izquierdo del baluarte homónimo. Esta segunda puerta es la que se conserva en la actualidad.

En el Informe de Francisco Domingo se hace una primera descripción de como debía ser la nueva puerta

“…se podra poner portado de cantería por ser una de las dos puertas principales de la Plaza con un medio cañon de ladrillo del mismo largo del terraplen que pueda pasar artilleria sobre el y puertas nuebas por estar las de la puerta que se condena (se refiere a la vieja puerta de la Trinidad) de poco servicio, costara todo mil y quinientos escudos…” (25)

Es decir, la portada exterior se construiría con sillería de granito. No se habla de la portada interior pero sabemos que entre ambas se extendía una bóveda de cañón capaz de aguantar el peso de los cañones. En efecto, sobre la bóveda de la puerta discurría el adarve por el que, llegado el caso, tenían que circular las piezas de artillería. En la fachada exterior se dispuso el escudo real. El escudo de Badajoz, que lucía la vieja puerta no pudo trasladarse a la nueva pues estaba pintado en el muro. No obstante, la ciudad tenía previsto encargar uno de piedra para colocarlo en la nueva puerta. En la cara interior no debió disponerse capilla ya que cuando se trasladaron las imágenes de la Virgen que ocupaban las capillas de las puertas (agosto de 1761) no se menciona a la Puerta de la Trinidad. Desconocemos donde se trasladó la imagen de la Virgen de las Angustias que estaba en la vieja puerta pero parece que no se reubicó en la nueva puerta.



Puerta de la Trinidad. Fachada exterior.



Puerta de la Trinidad. Fachada interior.

Pese a la simplicidad de la nueva puerta, el conde de Montijo pretendió tomarla como modelo para las demás puertas que se abrirían en el nuevo recinto abaluartado de la ciudad (puertas de Mérida y Pilar). En efecto, el Cabildo Municipal solicitó que las puertas del recinto abaluartado mantuviesen los escudos Badajoz y las mismas capillas que había en las viejas. El Conde se negó y respondió que todas quedarían como la nueva puerta de la Trinidad, es decir, sin escudo. En realidad, el Conde sólo pretendía justificar su deseo de colocar su propio emblema en las nuevas puertas en lugar del escudo Badajoz. Deseo que finalmente verá cumplido en las puertas de Mérida y Pilar.

El principal problema que presentaba la nueva puerta se refiere a su emplazamiento. En efecto, Francisco Domingo, dispuso la puerta en flanco izquierdo de Baluarte de la Trinidad ya que en este emplazamiento no podría ser enfilada al quedar cubierta con el cerro del castillo (26). El primer ingeniero que propuso esta localización fue Luis de Venegas que en su segundo proyecto de fortificación propuso situar la puerta en el flanco del baluarte que rodeaba al convento de la Trinidad. Esta ubicación iba contra la norma de la fortificación abaluartada que establecía que las puertas debían situarse en el centro de las cortinas para que pudieran ser batidas desde los flancos de los baluartes contiguos. Así Sebastián Fernández de Medrano en su obra el Arquitecto perfecto en el arte Militar (1700) señala sobre este asunto que

“… En algunas partes se han colocado (las puertas) en la cara del Balvarte, y otras en el flanco; mas reconoziendo que este (el flanco) se enflaquece, haviendo de ser la principal defensa, y que à la cara del Balvarte se oponen de ordinario las Baterias para abrir la brecha, son pocos de opinión de abrirlas en dichas parajes (caras o flancos de los baluartes) (…) Razon porque su lugar principal es en medio de la Cortina donde están defendidas de los Flancos colaterales…” (27)

Los ingenieros que estudiaron las fortificaciones de Badajoz no se cansaron de criticar la incorrecta ubicación de la puerta. Así, Juan Muñoz Ruesta (Informe de 21 de febrero de 1698) señalaba

“…La puerta de la Trinidad (…) está en el flanco es contra la máxima: debe colocarse en medio de la cortina y con esto estará defendida de los dos flancos colaterales, y siendo así quedará el flanco en mejor posición para administrar la defensa que á el toca y pertenece…” (28)

Por otro lado su trazado rectilíneo tampoco era el más adecuado. En efecto, Sebastián Fernández de Medrano recomendaba que las puertas tuviesen entre 11 y 12 pies de ancho y hasta 15 de alto y

“… que vaya bolviendo, y no derecha, para escusar que no quede enfilada la calle de la Campaña: ò que arrimando un Petardo à la primera Puerta, abra brecha en las demas…” (29)

Es decir, la puerta debía seguir un trazado curvo de modo que las dos portadas, exterior e interior, no estuviesen enfiladas.

La crítica más completa a la puerta (ubicación construcción, etc.) aparece en el informe del 11 de diciembre de 1779. En dicho informe se denuncia que el convento de la Trinidad ocupaba la mayor parte del baluarte e impedía realizar algunas obras que eran fundamentales. Finalmente en el año 1779 se superó el problema

“…en la mejor forma posible avilitando paso para la comunicación del recinto y del publico por el pie del terraplen y crecido este todos los doce pies de altura que le faltaban…” (30)

También recoge las consecuencias que la presencia del convento ha tenido para la configuración de la puerta ya que la mole del edificio del convento impedía

“…que pudiesen alargarse las bovedas del paso de la puerta, la del cuerpo de guardia del oficial, y la de una surtida que sale al foso p. junto al angulo del flanco con la cortina y son lo que causa la mayor angostura del adarve ò plataforma del flanco…” (31)

Sigue el autor criticando la incorrecta ubicación de la puerta. Para subsanar todos los defectos propone

“…establecer la puerta al comedio de la cortina con disposición de poner su puente levadizo que tambien concurre frente de una calle de la población nada menos ancha que la calle de la Trinidad y que se interna mas que en dentro del pueblo y la cruzan varias otras principales lo que no tiene àquella…” (32)

Como ya hemos dicho en otras ocasiones, la zona de la Trinidad era la más vulnerable de la Plaza. Por este motivo se multiplicaron los proyectos para reforzar la muralla y la campaña más próxima (luneta de San Roque, fuerte y flecha de la Picuriña, tenaza de la Trinidad, cubrecaras, etc.) Entre estos proyectos debemos destacar el que elaboró Juan de Subreville en 1738 (33).

Pese a todo, conocemos pocas obras asociadas directamente a la puerta desde su construcción en 1680. La más importante fue la reforma del cuerpo de guardia cuyas condiciones se publicaron el 23 de abril de 1689. En el pliego de condiciones se estipulaba que el cuerpo de guardia se levantaría

“… al lado de la mano derecha saliendo, que sirba de pared, para el caballate (sic), la muralla antigua, de tapias de ormigon de treinta y seis baras de largo, y de ancho, el que tiene oy heçho…”(34)

En el cuerpo de guardia se construiría también un portado y una chimenea. Cuando el maestro albañil Juan Alonso hizo postura por esta obra también se comprometió a demoler el cuerpo de guardia viejo quedando todo lo que coxe llano para la entrada y salida de la puerta.



Puesto de Guardia de la Trinidad. Plano de José Calderón y Manuel Ortega (1868), S.G.E., plano 173

Con la ayuda de los planos de Francisco de Iznardo (1844), Francisco Coello (1853), y José Calderón y Manuel Ortega (1868) podemos visualizar la planta y el emplazamiento del cuerpo de guardia dentro del baluarte. Estos planos muestran que el cuerpo de guardia se levantaba entre el convento de la Trinidad y la puerta. Asimismo el costado que estaba adosado al terraplén del baluarte debió aprovechar la cerca vieja tal y como se recogía en el pliego de condiciones. En la actualidad no se aprecian restos ya que su ubicación viene a coincidir con la brecha por la que discurre la carretera de San Roque.


En el exterior de la puerta lo más destacable es la construcción de un doble tambor de planta cuadrada. No podemos fechar este elemento tan sólo constatar que aparece en un plano de 1735.



Tambor de la puerta de la Trinidad en 1735. Plano de Diego de Bordick. (S.G.E., Extremadura 117).

Curiosamente, en el plano del año 1739 no aparece.


La obra volvió a construirse pues está reflejada en el plano de Pedro Ruiz de Olano (12 de marzo de 1772).



Tambor de la Puerta de la Trinidad en 1771. Plano de Pedro Ruíz de Olano (Cartoteca histórica del I.H.C.M, 3093/017-199.) Tomado de Javier Teijeiro y Álvaro Meléndez: La fortificación abaluartada de Badajoz en los siglos XVII y XVIII, Tajo-Guadiana, Badajoz, 2000, pág. 244).

La mejor descripción de esta obra aparece en el informe del 11 de diciembre de 1779 la describe con precisión. En dicho informe se apunta que para cubrir la puerta ante un ataque por sorpresa se construyó delante

“… una especie de tambor rectángulo que la cubre en el mismo foso para siquiera tenga el rastrillo que la cierra para no dejarla à la sencillez de su madera…”(35)

En el mismo informe se advierte que esta obra, construida para defender la puerta, ofrece más ventajas a los atacantes que a los defensores

“… porque su fabrica y los robusto machones que sostienen el rastrillo tendrian à cubierto al agresor de la fusileria del flanco òpuesto; unico que la puede defender
Por consiguiente tampoco está con disposición ni proporción de ponerle puente levadizo como es esencial…” (36)



Tambor de la Puerta de la Trinidad en 1779. Plano de Manuel Navacerrada (A.G.S., M.P.D., XXX, 41).Tomado de María Cruz Villalón (coord) Ciudades y núcleos fortificados de la frontera Hispano-lusa, Universidad de Extremadura, Servicio de Publicaciones , Cáceres, 2007, pág.133).

En otras ocasiones las obras y reformas se centraron en los puentes. En efecto, el 14 de diciembre de 1739 el capitán General de Extremadura y el ingeniero Juan Bautista Mac Evan informaron al Cabildo Municipal que los puentes provisionales de las puertas de la Trinidad y Pilar necesitaban ser reparados (37). En el año 1745 la Corona ordenó construir otro puente de madera para salvar el curso del Rivillas. Finalmente en la década de los años cuarenta se construyó el puente actual (38)

Durante la Guerra de la Independencia el ingeniero francés, Coronel Lamare, represó las aguas del Rivillas para inundar los fosos contiguos y aumentar las defensas de aquel sector de la fortificación. A raíz de la inundación el paso por la puerta se hizo más dificultoso. Así, Manuel Pueyo en su informe del 24 de agosto de 1812 dice que la puerta estaba abierta al tránsito pero

“… por razón de la inundación de los fosos solo sirve en la actualidad (1812) pª cavallerias y gentes de a pie…” (39)

En realidad, no era un problema nuevo. En efecto, cuando el Rivillas se desbordaba sus aguas penetraban en la ciudad por la puerta e impedían el paso por ella. La riada de 1766 además arruinó el baluarte de la Trinidad.

La puerta perdió todo su peso cuando las autoridades decidieron abrir una brecha en el baluarte de la Trinidad para facilitar las comunicaciones con el barrio de San Roque (1931-1936). Desde entonces la puerta quedó relegada a una entrada secundaria ya que el tránsito se encauzó por la brecha (40).




Caños de drenaje que se abren a ambos lados del ángulo flanqueado del baluarte de la Trinidad




Detalle del caño de drenaje de la cara derecha


Las autoridades municipales también prestaron mucha atención a otro elemento situado junto a la puerta: el Caño de la Loba. En algunas ocasiones el Caño de la Loba aparece citado como un desagüe destinado a drenar esta zona de la ciudad (41). No debemos olvidar que el baluarte de la Trinidad está situado en la parte baja de la ciudad y hacia él desaguan varias calles. Por este motivo el baluarte debió contar con importantes aliviaderos como los que se abren en su ángulo saliente o flanqueado. No estamos en condiciones de situar al mencionado Caño de la Loba ya que en el entorno inmediato de la puerta existen tres vanos susceptibles de identificarse con el susodicho caño:



Poterna situada en el ángulo flanqueante izquierdo del baluarte de la Trinidad. En la actualidad semienterrada.


-El primero se abre junto a la puerta y se emplaza en el ángulo flanqueante del baluarte. En la actualidad está casi enterrado. El vano se cierra con un arco escarzano de cinco dovelas con la clave destacada. Sobre el arco anterior aparece otro de descarga realizado con grandes lajas de pizarra. Su utilidad como poterna está perfectamente documentada.



Poterna situada en el centro de la cortina comprendida entre los baluartes de la Trinidad y San Pedro.
-El segundo vano es una poterna. Se encuentra en el centro de la cortina que une los baluartes de la Trinidad y San Pedro. Técnicamente es idéntico al anterior. Es decir, arco escarzado con tres dovelas, clave resaltada y arco de descarga realizado con lajas de pizarra. Este vano debe ser el que Matías Lozano identifica como el Caño de la Loba y que según este autor también se utilizaba para hacer la aguada en la fuente del Rivillas (42).



Caño de la Manteca


-El tercer vano es el más angosto. Como los anteriores presenta arco de descarga de pizarra pero el vano está cerrado con un dintel en el que aparece la inscripción La man ntecA. Dadas sus dimensiones es el que mejor se ajusta a un caño de desagüe al tiempo que no parece factible que pudiera ser habilitado como puerta.

El informe de Manuel Pueyo (24 de agosto de 1812) y plano de Francisco de Iznardo (1844) resultan definitivos a la hora de fijar la utilidad de los elementos que hemos descrito. En primer lugar, Manuel Pueyo señala

“…tiene la Plaza tres poternas; una en el flanco derecho del baluarte de S. Vicente: otra al lado de la Puerta de Trinidad y la 3ª en su cortina proxima, pero en todas tres estan tapiadas las puertas que corresponden al foso…” (43)

Es decir, de los tres vanos que hemos citado los dos primeros eran poternas aunque se habían tapiado las salidas al foso de modo que la bóveda de la puerta pudiera utilizarse como refugio a prueba de bombas.

Por su parte Francisco de Iznardo (1844) también nos muestra que el primer vano, situado en al flanco izquierdo del baluarte; se utilizaba como poterna.

Por último, los planos de Francisco de Iznardo (1844), Francisco Coello (1853), y José Calderón y Manuel Ortega (1868) muestran lo que pudiera ser una poterna o al menos una salida de aguas que partía de un lateral del cuerpo de guardia. Desgraciadamente este vano no es visible ya que fue demolido al abrir la brecha de la Trinidad. En tanto no podamos confirmar la utilidad y características de este elemento no nos atrevemos a señalar la ubicación exacta del Caño de la Loba



NOTAS



1.GUERRA GUERRA, A.: Seis cartas de los Reyes católicos con sentencias Privilegios y declaraciones acerca de los bienes de la ciudad de Badajoz, Diputación Provincial, Badajoz, 1973, pág. 33.
2.Plano de Badajoz del año 1645 (SÁNCHEZ RUBIO, C.M.; SÁNCHEZ RUBIO, R.: Badajoz en el Krigsarkivet. El hallazgo de la visión más lejana, Excmo. Ayuntamiento, Badajoz, 2003).
3.A.H.M., Badajoz., Libro de Acuerdos, 19 de febrero de 1691, fol. 19. Aunque se utiliza el término pintado no excluimos que en realidad fuese un escudo esgrafiado.
4.A.H.M., Badajoz., Libro de Acuerdos, 29 de agosto de 1639, fol. 201.
5.A.H.M., Badajoz., Libro de Acuerdos, 1 de septiembre de 1639, fol. 202v.
6.A.H.M., Badajoz., Libro de Acuerdos, 5 de noviembre de 1637, fol. 117.
7.A.H.M., Badajoz., Libro de Acuerdos, 5 de noviembre de 1637, fol. 117.
8.A.H.M., Badajoz., Libro de Acuerdos, 11 de octubre de 1645, fol. 86v.
Tirso Lozano Rubio señala que la entrada del obispo fue el día 10 de octubre (LOZANO RUBIO, T.: Suplemento a la Historia eclesiástica de la ciudad y obispado de Badajoz de D. Juan Solano de Figueroa y Altamirano, Tip. Alianza, Badajoz, 1935, pág. XL).
9.En el caso del obispo Diego López de la Vega Tirso Lozano Rubio especifica que la entrada se efectuó por la Puerta de la Trinidad ya que la Puerta de Santa Marina estaba cerrada (LOZANO RUBIO, T.: Suplemento a la Historia eclesiástica de la ciudad y obispado de Badajoz de D. Juan Solano de Figueroa y Altamirano, op. cit., pág. LV; A.H.M., Badajoz., Libro de Acuerdos, 27 de marzo de 1650, fol. 25).
En la recepción del Obispo Gabriel Esparza se hace la misma aclaración (A.H.M., Badajoz., Libro de Acuerdos, 2 de junio de 1659, fol 23, 23v).
10.A.H.M., Badajoz., Libro de Acuerdos, 3 de julio de 1648, fol. 35v-36.
11.A.H.M., Badajoz., Libro de Acuerdos, 5 de julio de 1648, fol. 49v.
12.A.H.M., Badajoz., Libro de Acuerdos, 16 de julio de 1648, fol. 39.
13.A.H.M., Badajoz., Libro de Acuerdos, 27 de julio de 1648, fol. 42.
14.A.H.M., Badajoz., Libro de Acuerdos, 14 de febrero de 1650, fol. 12v.
15.A.H.M., Badajoz., Libro de Acuerdos, 5 de noviembre de 1646, fol. 80v.
16.A.H.M., Badajoz, Libro de Acuerdos, 12 de mayo de 1650, fol. 36v.
17.CORTÉS CORTÉS, F.: “1640-1668: Fortificaciones en Extremadura”, Revista de Estudios Extremeños, XLII-1, Badajoz, 1986, pág. 195.
18.GARCÍA BLANCO, J.: Las fortificaciones de Badajoz durante la guerra de la Restauración de Portugal (1640-1668), Aprosuba-3, Badajoz, 2001, pp. 36-37.
19.I.H.C.M., Madrid, Colección Aparici-XXVII, fol. 287.
20.I.H.C.M., Madrid, Colección Aparici-XXVIII, ff. 143-152.
21.Estos proyectos están magníficamente estudiados por María Cruz Villalón: “las murallas de Badajoz en el siglo XVII”, Norba-Arte, VIII (1988), Universidad de Extremadura, Cáceres, pp. 126-132; Javier Teijeiro y Álvaro Meléndez: La fortificación abaluartada de Badajoz en los siglos XVII y XVIII, Tajo-Guadiana, Badajoz, 2000, pp. 72-75.
22.A.H.P., Badajoz, Prot. 1680, fol. 83.
23.A.H.M., Badajoz, Libro de Acuerdos, 25 de junio de 1691, fol. 47v.
24.I.H.C.M., Madrid, Colección Aparici-XXVIII, fol. 218.
25.I.H.C.M., Madrid, Colección Aparici-XXVIII, fol. 178v.
26.I.H.C.M., Madrid, Colección Aparici-XXVIII, fol. 178v.
27.FERNÁNDEZ DE MEDRANO , S.: El arquitecto perfecto en el arte militar, Casa de Lamberto Marchant, Bruselas, 1700 (edición Facsimilar de Maxtor, Valladolid, 2001), pp. 137-138.
28.I.H.C.M., Madrid, Colección Aparici-XXVIII, fol. 225v.
29.FERNÁNDEZ DE MEDRANO , S.: El arquitecto perfecto en el arte militar, op. cit., pág. 138.
30.Propuesta y presupuesto para la conclusión y perfección del recinto magistral, en el frente que comprenden los baluartes de la Trinidad y de San Pedro, en la Plaza de Badajoz, 11 de septiembre de 1779, Catálogo General de Documentos, Documento 4020, 5-5-5-26, I.H.C.M., Madrid, fol. 2v
31.Propuesta y presupuesto para la conclusión y perfección del recinto magistral, en el frente que comprenden los baluartes de la Trinidad y de San Pedro, en la Plaza de Badajoz, 11 de septiembre de 1779, op. cit., fol. 3v.
32.Propuesta y presupuesto para la conclusión y perfección del recinto magistral, en el frente que comprenden los baluartes de la Trinidad y de San Pedro, en la Plaza de Badajoz, 11 de septiembre de 1779, op. cit., fol. 4.
33.CRUZ VILLALÓN, M.: Badajoz. Ciudad amurallada, Junta de Extremadura, Mérida, 1999, pp. 74-75.
34.A.H.P., Badajoz, Prot. 345, fol. 228.
35.Propuesta y presupuesto para la conclusión y perfección del recinto magistral, en el frente que comprenden los baluartes de la Trinidad y de San Pedro, en la Plaza de Badajoz, 11 de septiembre de 1779, op. cit., fol. 4.
36.Propuesta y presupuesto para la conclusión y perfección del recinto magistral…, op. cit., fol. 4.
37.A.H.M., Badajoz, Libro de Acuerdos, 14 de diciembre de 1739, ff. 130-131.
38.LOZANO TEJADA, M.: Badajoz y sus murallas, Colegio de Arquitectos de Extremadura, Grafisur, Los Santos de Maimona, 1983, pp. 109,110 y 112.
39.A.H.N., Diversos-Colecciones,120, N.3.
40.GONZÁLEZ RODRÍGUEZ, A.: Historia de Badajoz, Universitas Editorial, Badajoz, 1999, pág. 391.
41.En varios cabildos se ordena su limpieza para que desaguase perfectamente (A.H.M., Badajoz, Libro de Acuerdos, 27 de febrero de 1716, fol. 17; El 29 de abril 1723 se ordena limpiar el Caño de la Loba questa en la muralla para que salga la inmundicia, fol. 49v; 29 de octubre de 1731, fol. 165v).
42.LOZANO TEJADA, M.: Badajoz y sus murallas, op. cit., pág. 112.
43.A.H.N., Diversos-Colecciones,120, N.3.

miércoles, 23 de julio de 2008

PUERTA DE SANTA MARINA

La Puerta Real de Jerez o de Santa Marina



La Puerta de Santa Marina se abría casi en el centro de las murallas que se extendían entre el Rivillas y el Guadiana. La puerta se levantaría, aproximadamente, en la actual plaza de los Dragones Hernán Cortés. La puerta presentaba acceso directo y dos cubos cuadrados flanqueándola. En la fachada exterior lucía el escudo de la ciudad y en la fachada interior una capilla con una imagen de la Virgen de la desconocemos su advocación. En conjunto no debía diferir mucho de las puertas de la Trinidad y Mérida que vemos en la obra de Baldi.

Según Rodrigo Dosma primero se llamó real puerta de Jerez y después Puerta de Santa Marina por su ermita que está fuera (1). En efecto, extramuros pero frente a ella se levantaba la ermita de Santa Marina que dio nombre a la puerta.

Rodrigo Dosma señala también que cuando se inundaba el “foso”, que se extendía entre el Rivillas y el Guadiana, la ciudad quedaba convertida en una isla. En estas ocasiones la ciudad se servia de puente levadizo a la puerta de Santa Marina (2). Las palabras de Rodrigo Dosma son una exageración aunque es cierto que durante las inundaciones las aguas del Rivillas y el Guadiana cubrían las zonas más bajas de la ciudad. Sabemos por ejemplo que en la gran inundación del año 1603 el agua entró en la ciudad por las puertas de Palmas y la Trinidad anegando los barrios contiguos. En estas ocasiones la única puerta que podía utilizarse con normalidad era la Puerta de Santa Marina ya que era la que se abría a una cota más elevada. En estos casos la Puerta de Santa Marina se convertía en un auténtico “puente levadizo” para la ciudad. Posteriormente será la Puerta del Pilar, la sustituta de la Puerta de Santa Marina, la puerta de Tierra(3).

La Puerta de Santa Marina fue una de las más importantes del Badajoz medieval y moderno. Los visitantes ilustres, las autoridades etc. hacían su entrada solemne en la ciudad por la Puerta de Santa Marina. Así, cuando el rey Don Sebastián de Portugal visitó Badajoz se dice que

“…porque la puerta de la puente por donde se entra á la cibdad no está tan a cuento para ir cómodamente y vistosamente a la Iglesia, y ver la cibdad en la primera vista con entrada de calle derecha y ancha, y en todo agradable; por esto en semejantes, y aun menores recibimientos acostumbran aquí no hacerlos por esta puerta, sino dar un rodeo desde alli, cerrando aquella puerta con unas puertas de verjas de madera, y van alrededor como de la quarta parte de la ciudad, hasta la puerta que llaman de Santa Marina…” (4)

Juan Solano de Figueroa nos describe también la entrada de Felipe II y Felipe III en Badajoz por la Puerta de Santa Marina.

Dada su jerarquía solía permanecer en servicio durante las epidemias de peste. Ya hemos expuesto en varios capítulos que cuando existía peligro de contagio las autoridades municipales extremaban las precauciones para controlar la entrada de apestados en la ciudad. Para ello se reparaban las murallas y se cerraban la mayor parte de las puertas con objeto de impedir el paso a los posibles infectados. Así, el 24 de julio y el 24 de noviembre de 1598 el Cabildo Municipal ordenó cerrar varias puertas pero la de Santa Marina permanecería abierta. En junio de 1637, y ante un nuevo brote de peste, las autoridades municipales acordaron que la Puerta de Santa Marina siguiese en uso y además ordenaron fabricar sus puertas (hojas o batientes) de tal forma que pudiera cerrase por la noche o en caso de necesidad (Cabildo del día 18 de junio de 1637). El día 5 de noviembre de 1637 las nuevas puertas ya estaban terminadas.

La Guerra de la Restauración de Portugal (1640-1668) marcó el comienzo de su declive. En efecto, el 7 de diciembre de 1640 el Cabildo Municipal acordó cerrar la puerta. Parece ser que la orden se cumplió pero debió reconsiderarse poco después ya que en el Cabildo del 17 de diciembre de 1640 se comisionó al regidor Pedro Sánchez Doblado para que

“…haga recoger luego las puertas de la puerta de Santa Marina de la parte donde estuvieren y la haga poner y ponga quatro vesinos de guarda y tenga la llaue…” (5)

El párrafo anterior es muy confuso aunque interpretamos que en un primer momento se desmontaron las puertas seguramente para tapiar la portada tal y como se había acordado el día 7 de diciembre. Poco después debió replantearse el cierre y se optó por volver a colocarlas las puertas. Es posible que esta decisión se tomase en el día 17 de diciembre cuando se instó a Pedro Sánchez Doblado a recolocar las puertas, cerrar con llave por la noche y poner guardia en ella.

A comienzos de 1641 seguía en uso ya que el día 5 de enero de 1641 el Cabildo Municipal acordó notificar y apremiar a Pedro Sánchez Doblado para que terminase la llave de la puerta (se puso como plazo límite el día 6 de enero). El 17 de enero de 1641 se nombró al mismo Pedro Sánchez Doblado para que controlase el paso de gentes por la puerta. Es decir, en enero seguía abierta si bien terminó cerrada pues el día 6 de octubre 1641 el obispo Fray José de la Cerda en lugar de efectuar la entrada solemne en Badajoz por dicha puerta lo hizo por la Puerta de la Trinidad. El conde de Santiesteban, en una carta fechada en 1643, también nos informa que la puerta estaba cerrada.

Llegados a este punto debemos precisar que en nuestra opinión la puerta sólo se cerró para uso de los civiles y debió habilitarse un postigo para el servicio de los soldados que guarnecían la media luna que se construyó delante de la puerta. A su vez la media luna contaba con una entrada que posibilitaba la comunicación entre la ciudad y la campaña. De hecho cuando en el año 1652 los portugueses planearon tomar la ciudad valiéndose de los servicios de dos traidores uno de los puntos de entrada era precisamente la Puerta de Santa Marina. Sabemos también que don Luis de Haro, que llegó a Badajoz al frente de un ejército que obligó a los portugueses a levantar el sitio que habían puesto a la ciudad, entró en Badajoz por esta puerta. En efecto, el lunes 14 de octubre de 1658, a las cinco de la tarde, don Luis de Haro

“… fue mui bien reciuido entro por la puerta de santa maria con repica de campanas…” (6)

Los testimonios anteriores nos permiten suponer que la puerta no se tapió sino que se fijaron sus hojas de tal forma que no pudieran abrirse y posiblemente se terraplenó el interior para dar mayor consistencia y seguridad a la puerta. Para uso militar debió habilitarse un pequeño postigo en una de sus hojas.

El cierre de la puerta trajo aparejado un cambio en el protocolo de recepción de las autoridades. Desde entonces las autoridades fueron recibidas en la Puerta de la Trinidad pues la Puerta de Santa Marina, que se venía utilizando para estos eventos, no podía utilizarse ya que esta serrada y no usarse della por causa de la guerra de Portugal (7). El primer obispo que efectuó su entrada solemne en Badajoz por la Puerta de la Trinidad fue Fray José de la Cerda (6 de octubre de 1641) le siguieron Fray Ángel Manrique (1645-1649), Diego López de la Vega (1649-1658) y Gabriel Esparza (1659-1662). Tras la guerra se retomó la costumbre de recibir a los obispos en la Puerta de Santa Marina y los obispos Fray Francisco Roys y Mendoza (1668-1673) y Juan Marín de Rodezno (1681-1706) efectuaron su entrada por ella. Desgraciadamente ningún otro obispo volvería a usarla ya que fue demolida a finales del siglo XVII.

Durante la Guerra de la Restauración contó con puesto de guardia propio (1640-1668). La primera referencia al mismo la encontramos en el Cabildo Municipal del día 5 de noviembre de 1646 (8). Debió ser un puesto de cierta entidad pues desde él se abastecía al puesto de guardia de la Moraleja. En 1665 Francisco Domingo se comprometió a reparar el tejado del mismo con doscientas tejas

Delante de la puerta se levantó una media luna que la protegía y defendía el frente sur de la ciudad. La media luna se construyó poco después de iniciarse el conflicto con Portugal. La obra estaba concluida en 1643 aunque, Luis Marinho señala que contaba con artillería desde el año anterior (9). Pese a ser una de las obras más importantes para defender Badajoz terminó arruinándose pues carecía de camisa de piedra que protegiese sus terraplenes. También se arruinaron las murallas contiguas a la puerta. En efecto, en el informe de Diego Caballero (6 de febrero de 1665) se dice que

“…En la muralla principal junto á la puerta de Santa Marina, hay un lienzo della caido hasta el pie, que hace brecha de treinta varas de largo, y poco mas adelante otra de tanto espacio tambien caida hasta el foso…” (10)

Después de la guerra el Cabildo Municipal realizó algunas reformas para acondicionar la puerta y facilitar el paso de carruajes. El día 26 de febrero de 1674 se nombró a Antonio Hoces para que

“…reconozca la Puerta de santa marina y vea la obra q. será menester para q. puedan entrar y salir carretas por ella…” (11)

El día 5 de julio del mismo año las autoridades municipales acordaron librar 3.000 rs. para las obras en la puerta y otros trabajos (limpiar el pozo de Santa Marina y reparar el puente de Mérida) (12)

Tampoco faltaron las propuestas de reforma por parte de los militares. Concretamente el ingeniero militar Luis de Venegas propuso en 1677 transformar la media luna de Santa Marina en un baluarte Real y disponer en la puerta un puente levadizo (13)

Las propuestas de Luis de Venegas no llegaron a materializarse. En realidad, la puerta y la media luna fueron desmontadas a finales del siglo XVII. En efecto, a medida que se construía el recinto abaluartado de la ciudad se iba demoliendo y anulando la cerca medieval y sus puertas. La Puerta de Santa Marina no fue una excepción. En su lugar se levantó una nueva puerta que durante algún tiempo se conoció como Puerta Nueva de Santa Marina aunque poco después pasó a ser conocida como Puerta de Nuestra Señora del Pilar o Puerta Pilar.

La vieja Puerta de Santa Marina debió desmontarse en la última década del siglo XVII. Veamos algunos de los hitos más significativos:

-En 1684 la zona contigua a la Puerta de Santa Marina todavía conservaba el viejo recinto medieval pues en el informe de Diego de Portugal (27 de enero de 1684) se dice que un gran tramo del muro situado junto a Santa Marina se había caído.
-En 1689 se amplió el tablado del cuerpo de guardia de la Puerta de Santa Marina.
-En enero de 1691 los canteros estaban construyendo la nueva Puerta del Pilar
-En una carta del 19 de febrero de 1691 se dice que la puerta todavía no se ha demolido.
-El 8 de abril de 1692 fue inaugurada la nueva puerta de Nuestra Señora del Pilar.
-A finales del mes de abril la nueva muralla abaluartada ya se encontraba prácticamente a la altura de lo que será el ángulo flanqueante izquierdo del Baluarte de Santiago.

De esta relación parece deducirse que la puerta, y la muralla adyacente, debieron anularse o demolerse entre febrero de 1691 y principios de 1692 sin que podamos precisar más la fecha.

Sería muy interesante determinar el destino final de la puerta pues sospechamos que debió recolocarse en otro lugar. Algún autor plantea la posibilidad de que colocase como portada interior de la Puerta de la Trinidad. Como veremos más adelante, no descartamos que se dispusiese en el portillo de San Vicente.

Como sucedió con otras puertas, el Cabildo Municipal y el conde de Montijo mantuvieron una dura polémica pues los primeros querían que la puerta nueva de Santa Marina (actual Puerta Pilar) mantuviera el escudo Badajoz y la imagen de la Virgen que se veneraba en la capilla de la Puerta de Santa Marina.

Terminaremos con el deslinde de unas casas, cuya escritura se firmó el día 18 de julio de 1698. En dicho deslinde se especifica que las casas se encuentran

“… en la calle que se nombro de santta marina que lindan (las casas) al presente con solar de cassa arruinada por la parte haçia la puertta que se nombra de dha imagen (…) y por la parte de arriba con cassas que oy posee el convento de monjas de nuestra señora santa catalina martir…” (14)

Es decir, parece como si en esas fechas la puerta todavía no se hubiese demolido y la imagen de la puerta fuese la de Santa Marina aunque en espera de nuevos datos preferimos dejar ambas cuestiones como hipótesis.



NOTAS.



1.DOSMA DELGADO, R.: Discursos pátrios de la real ciudad de Badajoz, Biblioteca Histórico-Extremeña, Imprenta de la Viuda de Arteaga y Compañía, Badajoz, 1870, pág. 31.
2.DOSMA DELGADO, R.: Discursos pátrios de la real ciudad de Badajoz, op. cit., pág. 32.
3.HERNÁNDEZ TOLOSA, L.: Badajoz en el siglo XVIII. Libro de noticias, trascripción y notas de Carmelo Solís, Real Academia de Extremadura, Trujillo, 1992.
4.CUELLAR, A.: “Notas sobre el rey D. Sebastián de Portugal”, Revista de Estudios Extremeños, 1-3, Badajoz 1927, pág. 296.
5.A.H.P., Badajoz, Libro de Acuerdos, 17 de diciembre de 1640, fol. 187.
6.B.N., Madrid, Ms. 2386, ff. 109-110.
7.A.H.P., Badajoz, Libro de Acuerdos, 27 de marzo de 1650, fol. 86v. El siguiente Obispo (Don Diego López de Vega, 1649-1658) también efectuó su entrada en la ciudad por la Puerta de la Trinidad ya que no podía utilizarse la Puerta de Santa Marina (A.H.P., Badajoz, Libro de Acuerdos, 27 de marzo de 1650, fol. 25).
8.A.H.P., Badajoz, Libro de Acuerdos, 5 de noviembre de 1646, fol. 80v. El puesto de guardia no aparece en el plano de Badajoz del Krigsarkivet (SÁNCHEZ RUBIO C.M.; SÁNCHEZ RUBIO, R.: Badajoz en el Krigsarkivet. El hallazgo de la visión más lejana, Excmo. Ayuntamiento, Badajoz, 2003).
9.GARCÍA BLANCO, J.: Las fortificaciones de Badajoz durante la Guerra de la Restauración de Portugal (1640-1668), Aprosuba-3, Badajoz, 2001, pp. 39-40. Es posible, al menos como hipótesis, que la artillería estuviese en realidad al comienzo de la calle del Pozo (actual calle de Menacho) donde sabemos que se montó una batería.
10.I.H.C.M., Madrid, Colección Aparici-XVIII, fol. 287.
11.A.H.M., Badajoz, Libro de Acuerdos, 26 de febrero de 1674, fol. 33v.
12.A.H.M., Badajoz, Libro de Acuerdos, 5 de julio de 1674, fol. 109v.
13.I.H.C.M., Colección Aparici-XXVIII, ff. 143-152v.
14.A.H.P., Badajoz, Prot. 348, fol. 142.